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martes, marzo 31, 2009

Retratos Whedon: Lorne (Krevlornswath of the Deathwok Clan)

No es fácil ser verde


Lorne: This is way beyond my Ken... and my Barbie, and all my action figures.

El hecho de que la mayor cantidad de luz arrojada sobre la cada vez más oscura trama de Angel proviniera de un demonio no es más que otra de las geniales contradicciones que Whedon idearía para la serie hermana de Buffy. Pero Lorne era mucho más que eso. Lorne no era un demonio cualquiera, él era una criatura verde que trataba de parecerse en la medida de lo posible a sus amigos los humanos. Sus trajes de colores chillones (que revelaban un estupendo sentido de la moda, porque su color de piel se lo permitía), su pasión por la música, y su conmovedora empatía hacia los humanos (demostrada por su cálida manera de hablarles y sus cariñosos apelativos), le convertía en uno de los personajes más intrínseca y utópicamente humanos de la serie.

La historia de Lorne es toda una declaración de intenciones. Como más adelante sucedería con Andrew en Buffy, cazavampiros, la ambigüedad sexual del personaje permitió a los guionistas jugar con el espectador, sin ofrecer ningún tipo de respuesta al respecto. Porque no hacía falta, y no porque estuviera claro, sino porque al final era lo menos importante. Lorne llegaba a Los Ángeles en 1996, tras ser succionado por un portal interdimensional. La vida en Pylea, su dimensión natal, no fue un camino de rosas para el demonio verde. Lorne no era como sus congéneres, los demonios del Clan Deathwok. Él vivía en un mundo completamente distinto al de sus familiares y vecinos, campeones que entrenaban para luchar y matar. Cabezas huecas en definitiva, sin más aspiración que la de derramar sangre y hacer de ello una recompensa para una vida de esfuerzo, dedicación y testosterona demoníaca. Lorne era el hermano sensible, el niño diferente, el adolescente rarito, prácticamente un apestado. Como de costumbre, Whedon daba en el clavo extrapolando la realidad más mundana a sus universos ficticios. Si Lorne hubiera sido humano, sería el niño que se encierra en su cuarto a leer mientras los demás salen a la calle a darle patadas a una botella de plástico aplastada. Sería el joven que prefiere estar tirado en el suelo escuchando música, mientras sueña con un futuro bajo los focos de un teatro. Es decir, Lorne sería el mariquita del barrio (entiéndase "mariquita" como sinónimo de distinto, rechazado, raro-queer). Por eso, al descubrir la Tierra, y en concreto Los Ángeles, un lugar donde la música tiene una importancia vital (en Pylea no existía), donde la cultura y el ocio le permitirían llevar una existencia hedonista y privilegiada, y en el que la moda no se limitaba a taparrabos de piel y cascos semi vikingos, Lorne decidió quedarse a vivir allí.

"They have no music there. It doesn't exist. Do you know what that's like? No lullabies, no love songs. All my life I thought I was crazy, that I had ghosts in my head or something... simply because I could hear music. Of course, I didn't know it was music. All I knew was that it was something... beautiful and... and painful and right. And I was the only one who could hear it. Then I wound up here and heard Aretha for the first time."

Lorne era el mayor de los filántropos del buffyverso. Su capacidad para leer auras le lleva a convertirse en toda una celebridad en el inframundo terrenal, donde se le conoce como El Anfitrión (The Host). Esto, unido a que cuando el sujeto “leído” cantaba, Lorne era capaz de distinguir su alma con mayor claridad, desembocó en la inauguración de Caritas, un karaoke subterráneo capitaneado por nuestro demonio. Las habilidades de Lorne como vidente le convierten en una incorporación muy valiosa al equipo de Angel, quien recurre a él a menudo hasta convertirlo en un miembro activo de Angel Investigations, lo que supone más tiempo para el demonio en pantalla, así como más escenas cómicas para Angel (el vampiro cantando en un karaoke, ¿quién lo iba a decir?) y el resto del reparto. La trayectoria de Lorne en Angel responde inequívocamente al canon whedoniano. Se trata de otro personaje no humano que nace con el propósito de explicarnos los entresijos del alma humana, los engranajes de la mente. Lorne es otro personaje Whedon que trata de ser humano, y en su camino encuentra las dificultades que le hacen pensar si merece o no la pena. Por regla general, la conclusión al respecto es optimista: merece la pena ser un humano, merece la pena vivir, luchar por la vida. Sin embargo, el caso de Lorne es distinto. El personaje más vivaracho de la serie acabaría aportando la nota pesimista al final de Angel. Pero eso, más adelante.

Lorne nunca fue un luchador, y al contrario que otros personajes del buffyverso, como Cordelia, Dawn o Fred, el demonio no dará su brazo a torcer, y se negará a usar la fuerza física. Esta declaración de principios le lleva a efectuar un hechizo de no violencia sobre su local, por lo que bajo ningún concepto es posible llegar a las manos en Caritas. Con su apaciguador carácter y su dulce voz, Lorne era a menudo el mayor apoyo moral para Angel. A veces con cierto aire paternalista, pero siempre con la mejor de las intenciones, Lorne era el hombro sobre el que llorar para el vampiro. En sus palabras también podían advertirse con frecuencia ciertos tonos maternales. Era irónico que un demonio fuera el responsable de aportar la nota conciliadora y serena. Pero así era, y por ello Lorne acabó convirtiéndose en un valor insustituible dentro del universo de Angel.

Al final de la segunda temporada, en el episodio irónicamente titulado “Over the Rainbow” (nadie, a estas alturas, dudaba de las intenciones de los guionistas), Lorne regresa junto al Team Angel a su dimensión, Pylea, para rescatar a Cordelia, que ha sido atrapada por la raza del demonio, conocida por esclavizar a los humanos (o “vacas”), que acaban extraviados allí. El regreso a casa de Lorne abre los ojos (aún más) a Lorne, que acaba convencido de que su lugar está en Los Ángeles. De esta manera, el arco argumental de Pylea nos viene a dar una lección muy importante: Debemos permanecer en el lugar (literal o figurativo) al que pertenecemos, sin olvidar el lugar del que provenimos, porque ese es el que nos define, el que nos invita a evolucionar en primer lugar, y al que hay que regresar de vez en cuando para reafirmarnos en nuestra existencia. A partir de ese momento, Lorne ya no solo ofrece consejo al equipo de Angel, sino que será uno más, aunque su trabajo sea hacer de niñera de Connor, vigilar el fuerte o coger el teléfono.

"My psychic friend told me I had to come back here. I didn't believe her. Then I realized I did have to come back here, because... - I really always thought I had to come back here, deep down inside, you know? I had to come back here to find out I didn't have to come back here."

A medida que Angel avanza, y la trama se oscurece, la luz de Lorne empieza a atenuarse. Durante las temporadas tres y cuatro, Lorne acompaña a Angel en sus aventuras, enfrentándose principalmente al bufete de abogados, Wolfram & Hart, comprobando de primera mano la corrupción del espíritu humano. Poco a poco, la filantropía de Lorne se ve sustituida por cierto cinismo, lo que le lleva a concentrarse más en sí mismo. Lorne decide alejarse de Angel y se marcha a Las Vegas para perseguir su sueño en el mundo del espectáculo (a estas alturas, si Lorne no había salido del armario, es que no lo iba a hacer nunca, porque era más que probable que nunca hubiera estado dentro). Lorne encuentra su lugar en la ciudad de neón, su paraíso más allá del arcoiris. Sin embargo, allí vuelve a darse de bruces con la realidad sobre el ser humano, cuando se ve envuelto en una trama fraudulenta, en la que es obligado a leer las auras de los asistentes a su espectáculo, para encontrar a los más afortunados y robarles su suerte. A su regreso a Los Ángeles, Lorne se muestra feliz por volver a casa, pero los eventos que se suceden a continuación contribuyen a seguir deteriorando su espíritu. La relación entre Angel y Connor, el paso al lado oscuro de Cordelia o el advenimiento de Jasmine, sitúan a Lorne en una incómoda posición. El demonio nunca ha estado convencido de que su lugar sea junto a Angel, luchando, pero acaba aceptando resignado que quizás sea su destino.

La quinta temporada de Angel será la que acabará definitivamente con el optimismo de Lorne, y su esperanza en el ser humano. Angel y su equipo “heredan” Wolfram & Hart. Lorne, en un principio está encantado con su posición como relaciones públicas. Contactos en las esferas más altas de la sociedad, fiestas, poder. Sin embargo, como le sucede al resto del antiguo Angel Investigations, ese poder le acaba mostrando su cara oculta. En la batalla final, Lorne recibe su última misión, acabar con la vida de Lindsay. El demonio, que es ya una versión desangelada de sí mismo, la acepta, con una condición. Después de llevarla a cabo, desaparecería para siempre.

"I'll do this last thing for you, for us... but then I'm out, and you won't find me in the alley afterwards. Hell, you won't find me at all. Do me a favor. Don't try."

En la última escena en la que Lorne aparece en Angel, el demonio viste una gabardina marrón que oculta su traje. Tras recibir un disparo de Lorne, Lindsay nos revela la devastadora realidad. Lorne ha sacrificado su color, su personalidad para convertirse en un “flunky” (un gris empleado más) de Angel, cuya última misión es dar la muerte menos digna posible a un gran enemigo (en lugar de otorgarle la gran última pelea contra su némesis, Angel manda a Lorne para que haga el trabajo sucio). Entonces Lorne deja caer la pistola y pronuncia sus últimas palabras, mientras se marcha de la escena del crimen: “Goodnight, folks”.

Esta misma mañana saltaba la noticia de la muerte, a los 33 años, de Andy Hallett, el actor que se escondía tras el verde de Lorne, provocada por un paro cardíaco, tras cinco años luchando contra una enfermedad del corazón. La contribución de Andy a la televisión, y en concreto al buffyverso, será siempre recordada como una de las interpretaciones más llenas de vida, y uno de los personajes más queridos de los que han nacido de la mente de Joss. Este es mi pequeño homenaje a Andy. Sé que es precipitado y el personaje merece algo más elaborado, pero es lo menos que podía hacer. Hasta pronto, Lorne.

“Goodnight, Andy!”



Artículo escrito por Pedro J. García

lunes, marzo 30, 2009

Dollhouse 1x07 - Echoes

Band Candy

1x07 – Dollhouse: Una fuerte droga que afecta directamente al cerebro de aquellos que la consumen se está expandiendo por el campus universitario de Freemont, y el equipo completo de activos (excepto Echo) es enviado allí para contener la situación. El cerebro de los activos está modificado, es diferente al de los humanos corrientes, por lo que se cree que no se verán afectados por la droga.

3x06 – Buffy, the Vampire Slayer: Cuando los adultos de Sunnydale empiezan a comportarse irresponsablemente, Buffy y los Scoobies se ven obligados a salvarles el pellejo descubriendo que el malvado Ethan Rayne ha estado repartiendo por toda la ciudad unas chocolatinas que transforman a los adultos en adolescentes, no afectando a estos últimos pues ya lo son.

Una vez establecido el paralelismo entre ambas líneas argumentales, olvidémonos de Buffy para centrarnos en el análisis de "Echoes" y todas las revelaciones a las que asisitimos a lo largo del episodio.


"Echoes" comienza con Caroline, retomando la escena de "Ghost" donde DeWitt recluta a esta para su casa de muñecas. Aprendemos entonces que el contrato en la Dollhouse tiene una duración de cinco años, y que a DeWitt le gusta reclutar a sus activos “over a nice cup of tea” (adoro este detalle).

Caroline: “Is that you talking? Or the Rossum Corporation? Why me? Why did you pick me?”

Acto seguido somos introducidos al Rossum Building, en el medio de un campus universitario, y al personaje de Clive Ambrose, presidente de la misteriosa Rossum Corporation y hombre muy poderoso, capaz de poner a toda la Dollhouse a su servicio.

El clean slate de Echo falla de nuevo cuando, en medio de un engagement, ve por la tele el edificio Rossum. Entonces algo se dispara en su cabeza y sale corriendo hacia el campus. La memoria de Echo se mostrará frágil en todo el capítulo, sabiendo ella que “tiene que estar allí” pero sin saber muy bien por qué. El trabajo de Dushku es, otra vez, soberbio, tanto como Caroline y como Alice. Y es que Alice será en realidad Alice, Caroline y Echo a la vez, pudiendo ver en una misma escena trazas de los tres personajes en la actuación de Eliza (la ingenuidad de Echo, el temperamento de Caroline o la indecisión de Alice, una chica normal que no sabe muy bien qué le está llevando a meterse en todo este lío).

Mientras Topher usa a Mellie, o debería decir November (¿no os parece un nombre precioso para un activo?), como conejillo de indias para encontrar un antídoto a la droga, Dewitt revela su fe en el proyecto Dollhouse y confirma la estrecha relación entre la corporación Rossum, la casa de muñecas, Ambrose y ella misma.


DeWitt: "The Rossum Corporation is why we exist. And i believe in the work we're funding. And i also believe that the only reason i don't have Clive Ambrose job is 'cause he couldn't have mine."


El humor “made in Whedon” y del que la serie no había sido muy pródiga en los primeros episodios impregna gran parte de "Echoes": Dominic murmurando “Topher” cuando descubre que Víctor es su superior, o Topher diciéndole a DeWitt: “So now we’re sharing!” mientras ella le cuenta sobre Ambrose son buenos ejemplos de ello. La comicidad del capítulo llega a su cenit cuando la droga (que se contagia mediante el contacto humano) empieza a hacer efecto en el campus y en Topher y DeWitt, protagonizando ambos unas cuantas escenas memorables (el “british accent”, la “brown sauce”, las “lentils”...).

DeWitt: “Still, you have to admit I am... very... British... I don't say hard R's!”

En los flashbacks de Caroline conocemos a su pareja, su pasado como estudiante en Freemont (ya visto en el vídeo que le envían a Ballard en Ghost) y como el fuerte activismo político de ambos les lleva a irrumpir en el laboratorio de la Rossum Corporation, donde descubren y graban los experimentos que esta lleva a cabo con animales y con fetos humanos, terminando todo con el chico muerto y ella convertida en Echo.

La droga que hace delirar a los humanos y que parece no afectar a los activos en un principio, termina por hacer que estos últimos tengan flashes de aquello que se les ha borrado de la memoria, traumatizándoles, haciéndoles confundir el presente con los recuerdos, y sembrando el caos en la situación hasta ahora controlada por ellos. Así, Sierra recuerda cuando fue violada y tiene un curioso flashback en el momento en que Víctor le quita el arma, lo que nos lleva a pensar que un episodio centrado en ella puede estar al caer.

Al final todo resulta ser un intento de Sam (Mehcad Brook, nuevo personaje) por apoderarse de la poderosa droga y venderla a la competencia. pero Echo (de nuevo sin saber muy bien cómo) y Langton lo detienen. En la última escena vemos como DeWitt (otra vez con te de por medio) recluta a Sam para la Dollhouse, dejando claro que cualquiera que se meta con la Rossum Corporation tiene un futuro muy incierto.

En resumen, es un gran episodio, en el que seguimos ahondando en el origen de la Dollhouse y de Caroline, y en los problemas que pueden aparecer en la memoria de los activos. Quizá lo único que pueda achacarle al capítulo es que resulte un poco confuso en su ejecución. Echo y DeWitt (y con ella el proyecto Dollhouse entero) siguen siendo los dos personajes clave de la serie, quedando el resto en un segundo plano a lo largo de todo el episodio. Asistimos también a más muestras de la ironía de Topher (que lleva ahí desde el piloto y que le hace quizás el personaje más clásico al estilo Whedon) y a la presentación de November como activo, a la que adoro cada día más.

Por último, quisiera resaltar la debilidad especial por Echo de la que da muestra (en este y en capítulos anteriores) DeWitt, que no sabemos aún si tiene un motivo concreto o no, pero que me tiene fascinado, y la enigmática conversación que tienen Topher y ella mientras están drogados:


DeWitt: I know why Echo went to Freemont.

Topher: To punish you?

DeWitt: No. To let Caroline punish me.


Artículo escrito por Ricardo Carabaña

jueves, marzo 26, 2009

Retratos Whedon: Dawn Summers

Más allá del retcon



Dawn: Touch me and my sister's gonna kill you.

El término retcon nace en los ochenta para referirse a una técnica narrativa frecuentemente utilizada en cómic. Retcon es la abreviatura inglesa de continuidad retroactiva (retroactive continuity), y puede definirse a grandes rasgos como un gran cambio en una trama de larga continuidad. Posteriormente fue aplicado al campo de la ficción televisiva, en la que, cuando una serie alcanza un número determinado de episodios, y los síntomas de agotamiento se hacen cada vez más evidentes, o se prescinde de algún elemento de la serie, o se añade, sobreviniendo en ambos casos cambios que alargarán la vida de la serie, o la condenarán hasta su cancelación. Muchos retcon vienen impuestos por la marcha de actores que desean desmarcarse de sus personajes, por lo que se renueva plantilla y planteamientos argumentales, resultando en muchos casos en series completamente distintas a las que eran cuando comenzaron sus andaduras. El caso de Buffy, cazavampiros es uno de los usos del retcon más ingeniosos que se recuerdan en mucho tiempo. Tras una cuarta temporada desubicada y tremendamente irregular (un puñado de episodios magistrales, y otros tantos no tan memorables), se hacía inminente un cambio de dirección en los acontecimientos. Buffy en la universidad no acababa de convencer a la audiencia, y la Iniciativa no era precisamente de ayuda. Por eso, Whedon decidió introducir un nuevo personaje para complementar al Core 4: Dawn, la hermana pequeña de Buffy.

Sin embargo, la repentina introducción de Dawn en la vida de los scoobies es mucho más que un retcon. Se trata de un homenaje, un análisis encubierto, un experimento autocomplaciente y sumamente inteligente, que Whedon y su equipo idearían no solo para aportar sangre fresca al reparto y renovar las tramas, sino para poner a prueba al espectador, y a la propia historia de la serie. La premeditación de Whedon se pone de manifiesto en el último episodio de la anterior temporada, en la que Tara avisa a Buffy de la llegada de Dawn en un sueño premonitorio: “Be back before Dawn”. Dawn aparece en los últimos segundos del episodio “Buffy contra Drácula”, el estreno de la quinta temporada, y deja a la audiencia en un completo estado de shock al gritar, al compás de Buffy una perturbadora palabra: “¡Mamá!”. En el siguiente episodio, “Mi verdadero yo”, se nos invita a entrar en la mente de Dawn, narrándonos desde su punto de vista lo que parece ser un día normal en la vida de la hermana de la cazavampiros. La audiencia sigue desconcertada, hasta que descubre la verdad sobre Dawn: Es una llave que abre un portal interdimensional, protegida de la diosa Glory por unos monjes que la convierten en humano y la plantan a la fuerza en la vida de la cazavampiros, alterando la memoria de todos los que la rodean. Esta (relativamente) disparatada trama es prácticamente una figura literaria, una hipérbole cósmica, que explica, como si fuera a formar parte de un manual de guión televisivo, el concepto de retcon, sus implicaciones y sus consecuencias.

En muchas otras series, el elemento añadido, casi siempre un personaje, suele ser un bebé, resultado del oportuno embarazo de una de las protagonistas. En el caso de Buffy, Dawn es una niña en el umbral de la adolescencia, lo que supone una oportunidad para Whedon de poder seguir explorando uno de sus temas favoritos, la batalla que supone la adolescencia, o en este caso, el paso de la pubertad a la adolescencia. Dawn viene a ocupar el vacío que han dejado los otros protagonistas, que se enfrentan ahora a problemas más adultos. Dawn es por tanto una herramienta narrativa que no esconde sus intenciones como tal, que al igual que tantos otros aspectos de la serie, rebosa autoconsciencia por los cuatro costados. Sus aventuras como la llave, la revelación de su identidad (o la ausencia de la misma) en el episodio “Lazos sanguíneos”, sus diatribas existenciales (“This is blood, isn't it? It can't be me. I'm not a key. I'm not a thing. What am I? Am I real? Am I anything?”) se trasladan a la propia audiencia, que es manipulada para aceptar a la hermanísima como tal, como una más de la familia. Cuando Buffy y Joyce descubren que Dawn es la llave, y que todos sus recuerdos han sido alterados para incluirla en sus vidas, no se comportan como se comportarían una madre y una hermana. Se distancian de ella, y actúan confusas y temerosas. Es en ese momento en el que la audiencia siente la mayor compasión hacia Dawn. Whedon quiere que comprendamos que no importa cómo ha llegado ahí, Dawn es familia, tiene la sangre de los Summers, y por tanto, debe ser aceptada, más allá de la razón y el pensamiento lógico, siguiendo exclusivamente lo que dicta el corazón. Buffy y Joyce llegan a esa conclusión un poco más tarde que el espectador (si el experimento de Whedon ha funcionado), y a partir de entonces, ambas dedican sus vidas a proteger no solo la llave, sino también la integridad de su familia. Pero las cosas nunca salen como deberían en el buffyverso.


La tragedia irrumpe en la vida de las Summers. La muerte de Joyce es un catalizador para muchos personajes, y especialmente para la hermana pequeña de la cazadora. La muerte de su madre deja a las hermanas huérfanas, y obliga a Buffy a adoptar el papel de figura paterna. Dawn es una adolescente arquetípica, a pesar de sus orígenes. Es chillona, se queja de todo, hace montañas de granos de arena y odia a su hermana de la misma manera que la quiere y la necesita. Este arriesgado enfoque realista por parte de los guionistas, en oposición al noventa por ciento de los adolescentes televisivos norteamericanos, irónicos, agudos, y extrañamente maduros en sus diálogos, no evita que Dawn sea uno de los personajes más odiados de la serie. Muchos espectadores vieron a la hermana de Buffy como el principio del fin, el desencadenante de lo que más tarde sería la temporada más oscura de toda la serie. Para muchos, desde que Dawn aparece en escena, la serie decae sin remedio.

Dawn: You wanna know what I'm scared of, Spike? Me. Right now, Glory thinks Tara's the Key. But I'm the Key, Spike. I am. And anything that happens to Tara... is 'cause of me. Your bruises, your limp... that's all me, too. I'm like a lightning rod for pain, and hurt... and everyone around me suffers and dies. I must be something so horrible to cause so much pain and evil.

Dawn es básicamente definida por sus relaciones con los que la rodean. En la quinta temporada, su carácter es explicado por la relación que tiene con su madre y su hermana. Dawn está harta de ser la hermana pequeña, de ser ignorada, invisible (“She still thinks I'm Little Miss Nobody, just her dumb little sister. Boy, is she in for a surprise”). Por otra parte, su interacción con Xander en la quinta temporada es crucial con respecto a los acontecimientos de la séptima y última. Dawn ve a Xander como un protector, una mezcla de adulto y adolescente que lo sitúa ante sus ojos como alguien maduro, pero cercano a ella. De la misma manera, Spike, al igual que los demás, siente el deber de cuidar de ella, de protegerla de los peligros del mundo, llegando a convertirse en su niñera oficial. Por todo esto, Dawn es definida en términos relativos. Su identidad sigue siendo un enigma, como el de todos adolescente, a pesar de conocer la historia de su origen. La muerte de su hermana, sacrificándose por ella, y por el mundo, marca el camino a seguir para Dawn. Ahora debe valerse por sí misma, debe luchar para conseguir lo más difícil de este mundo: vivir en él.
Buffy: Dawn, listen to me. Listen. I love you. I will always love you. But this is the work that I have to do. Tell Giles... tell Giles I figured it out. And, and I'm okay. And give my love to my friends. You have to take care of them now. You have to be strong. Dawn, the hardest thing in this world... is to live in it. Be brave. Live. For me.

A pesar de que en las siguientes temporadas Dawn sigue necesitando de los demás para continuar descubriendo su identidad y conocerse mejor a sí misma (y ya de paso, nosotros a ella), su crecimiento interior se va haciendo tan evidente como el exterior. Dawn madura, convirtiéndose en una joven determinada, valiente y luchadora. Pero el camino hacia la madurez no es fácil para nadie, y especialmente para ella. Al principio de la sexta temporada, descubrimos que la ausencia de su hermana la ha obligado a abrirse camino ella sola, pero sigue teniendo figuras adultas en las que apoyarse. Principalmente, Willow y Tara. Los problemas de adicción de Willow ponen de manifiesto cierto aire conservador, que siempre ha estado presente en la serie (aunque evitando la moralina en todo momento), y llega al espectador a través de Dawn, que sufre las primeras consecuencias del síndrome de abstinencia de la bruja, y se convierte así en el contrapunto a las desventuras sexuales de su hermana o los problemas prematrimoniales de Xander y Anya. El distanciamiento entre Willow y Buffy, acerca a las hermanas, tras una temporada en la que la cazadora había apartado a todos de su vida.

La séptima temporada nos hace volver la vista atrás, y nos obliga a recordar la niña que Dawn fue. Si Dawn no se hubiera comportado como una adolescente en plena efervescencia hormonal, su madurez en la recta final de la serie no tendría el mismo sentido. En el episodio adecuadamente titulado “Potencial”, Dawn descubre que eso de hacerse mayor tiene que ver con aceptar el lugar que nos corresponde en la vida, y hacer de ello una máxima para seguir viviendo (los paralelismos con Anya son evidentes). En una de las escenas más emotivas de toda la serie, Xander le da la lección definitiva. Dawn ya no es una niña, y ella ni se había dado cuenta:

Xander: They'll never know how tough it is, Dawnie, to be the one who isn't chosen. To live so near to the spotlight and never step in it. But I know. I see more than anybody realizes because nobody's watching me. I saw you last night. I see you working here today. You're not special. You're extraordinary.

A pesar de que el verdadero cierre del personaje de Dawn llega con las palabras de Xander en “Potencial”, y que como Willow, Anya o Xander, se retira figurativamente dejando todo el protagonismo a Buffy y Spike hasta el final de la serie, Dawn sigue siendo un apoyo esencial para la cazadora, muy a su pesar. Finalmente, Buffy comprende que su hermana no está dispuesta a quedarse en la sombra, mientras ella lucha para salvar su vida y la de los demás. En la batalla final, Dawn demuestra su determinación y madurez a su hermana mayor, que la mira con orgullo cuando le dice que no quiere despedirse de ella, porque “todo lo que digas va a sonar a adiós”. Al final, Dawn se ha ganado un lugar privilegiado (a la derecha de la cazadora) en el mundo, consiguiendo que todos a su alrededor, y todos los que asistimos a su crecimiento, olvidemos que todo comenzó con un simple retcon.


Artículo escrito por Pedro J. García

domingo, marzo 22, 2009

Dollhouse 1x06 - Man On The Street


Clean Slate

Lo dicen en las noticias: “Como en todo buen cuento de hadas, la historia se vuelve más intrincada, con más ramificaciones”. La fantasía de Joss Whedon no hace borrón y cuenta nueva, pero casi. Los anteriores cinco episodios de Dollhouse, a pesar de la valiosa aunque escasa información que van desvelando poco a poco, quedan en mera anécdota, en simple introducción comparados con “Man on the Street”. El verdadero arranque de Dollhouse, según los propios Whedon y Dushku, ha conseguido superar las expectativas creadas temerariamente durante toda la semana, y no solo por la descarga de información (que no es lo que hace que la serie sea mejor), sino porque como Echo, Dollhouse da definitivas muestras de personalidad.

Hemos tenido que esperar cinco semanas para que la serie encontrase su ritmo, y su rumbo, y por supuesto, es Whedon, en calidad de guionista (él solito) el que pone casi todas las cartas sobre la mesa y nos engancha definitivamente a su Dollhouse. Hasta ahora, nos habíamos tenido que conformar con ciertos trazos de la personalidad de Joss y su trabajo esparcidos por los episodios, pero era como si la propia Dollhouse hubiera suministrado un “doll” para hacer el trabajo de Whedon. Un muñeco que tuviera algunas de las características más reconocibles del maestro para que se encargara de la serie hasta que el verdadero Joss despertase de su letargo. Cuando por fin su casa de muñecas (la FOX), le dio libertad para ser él mismo, Whedon se sacó de la manga un episodio que coloca definitivamente a Dollhouse en el mapa (y que hará más duro el golpe de la cancelación, si finalmente llega). En “Man on the Street”, encontramos los clásicos temas Whedon, más pulidos que nunca, pero quizá por ello, más confusos y desafiantes. A estas alturas, ya sabemos que a Whedon le obsesiona la diferencia entre el bien y el mal, o más bien, su similitud. Para él, no existe una clara distinción entre ambos, no hay negro o blanco, sino muchos tonos de gris. En “Man on the Street” se nos revela que Dollhouse tiene un propósito oculto, a escala global, una meta señalada en la agenda que va más allá de proporcionar a la gente vías de escape hacia sus más oscuras fantasías. De esta manera, la historia de Dollhouse expande horizontes. La promesa implícita de una trama compleja más allá de lo que ya habíamos visto se hace por fin realidad.


Fingir. Fantasía. Sexo. El glosario Whedon no es muy amplio, pero es contundente. Es lo necesario, lo que distingue a un buen guionista, a un gran narrador, del resto. Ser consciente de la importancia de estas palabras es crucial para adentrarse en el whedonverso. Gracias a este episodio, podemos ver por fin en la pizarra esas palabras bien escritas, grandes, y con buena caligrafía. Whedon quiere que nos miremos en el espejo con “Man on the Street”, y que nos asustemos un poco de lo que vemos, pero lo peor parece estar por venir. Su empeño por mostrarnos los deseos más oscuros del ser humano desvela su idea de que no somos intrínsecamente buenos o malos, sino que todos somos una combinación de ambas cualidades, aunque algunos inclinen su balanza hacia un lado u otro. Nuestras fantasías nos definen. Dime qué deseo más oculto te gustaría llevar a cabo y te diré quién eres. Y todo esto, por supuesto, está directamente enlazado con las características y necesidades más primarias del ser humano. El amor, el odio, el sexo. Así somos, y así nos lo cuenta Whedon.

Los personajes de Dollhouse están cada vez más definidos. El esperadísimo encuentro entre Ballard y Echo nos da mayor información sobre las personalidades de ambos. Ballard tiene una fantasía, y esta es Caroline, Echo, o la persona que él mismo ha creado en su mente. Su primer encuentro con Echo, la esclarecedora conversación con Joel Mynor (un acertadísimo personaje, que espero ver más), y su posterior encuentro sexual con Mellie dejan claro que Ballard se está dejando llevar por sus instintos, por sus deseos y fantasías, sin importar el daño colateral. Es la única manera de explicar por qué demonios un agente del FBI desvela información confidencial a su vecina, aparte de ser un mecanismo narrativo para llevarnos a la sorpresa final (sorpresa a medias, teniendo en cuenta que Mellie presentaba los rasgos clásicos de personaje que da la campanada tarde o temprano). Como decía, la fantasía de Ballard es Echo, Caroline, o más bien alguien que solo conoce en su mente (“Go live in your real world. If you’ve ever been”, le dice Mynor), su propia muñeca, lo que nos lleva a otra gran reflexión. Whedon vuelve a decirnos, con su particular tono afectado y sutil (no parece ser tan pesimista a primera vista), que no conocemos a nadie realmente, que todos fingimos, que todos ocultamos algo. Algo que nos define.

Esta semana, Dollhouse nos ha dado mucho más, aparte de toda la parafernalia psicológica de los párrafos anteriores. Nos ha dado una gran pelea en un oscuro callejón (con reminiscencias a Buffy, por supuesto), algo más de humor (“Porn!”), y grandes frases (DeWitt: “I played a very bad hand very well, there’s a distinction”). Además de eso, “Man on the Street” nos ha ofrecido un interesante, pero algo fallido punto de vista documental, a través de entrevistas a gente normal de la calle (muy útil para contarnos todo eso del bien y el mal, y lo difícil que es distinguirlo, pero poco creíble). También nos ha dado sorpresas: Mellie, la activa “durmiente”, los abusos de Hearn a Sierra (esto daría para otro párrafo sobre nuestros impulsos vitales e irrefrenables, pero seguro que habrá más ocasiones de revisar el tema) o las veinte Dollhouses a nivel global. Además de eso, el episodio está aderezado por grandes interpretaciones. Es oficial, la Dushku está en estado de gracia. Los demás cumplen a la perfección. Y por último, pero no por ello menos importante, nos ha vuelto a dar a Ballard sin camiseta (espero que se me permita esta pequeña anotación frívola). Pero sobre todo, esta semana, Dollhouse nos ha dado a Whedon, al verdadero Joss. “Man on the Street” es un episodio repleto de acción, información, revelaciones. Todo cuidadosamente entrelazado en una intrincada filigrana. El objetivo ha sido fijado, los parámetros perfectamente introducidos. ¿Conseguirá Dollhouse llegar hasta el final establecido, o se quedará en mera fantasía?


Artículo escrito por Pedro J. García

viernes, marzo 20, 2009

Retratos Whedon: Spike aka William the Bloody

We like to talk big, vampires do. I'm going to destroy the world. That's just tough guy talk. Strutting around with your friends over a pint of blood. The truth is, I like this world. You've got – the dog racing, Manchester United, and you've got people: billions of people walking around like Happy Meals with legs. It's all right here. But then someone comes along with a vision, with a real passion for destruction. Angel could pull it off. Goodbye Piccadilly, farewell Leicester bloody Square.


La característica principal de Spike es la fuerza. Su fuerza física es aún mayor a la de la mayoría de los vampiros, gracias a la cual ha pasado unos 200 años siendo un “rebelde” sin encontrarse con una estaca en el corazón. Pero mucho mayor que esta fuerza física es la fuerza de su mente, su personalidad, y… sí, su alma.


En el Buffyverso, cuando un humano se convierte en vampiro, deja de ser esa persona para convertirse en un demonio sin alma que prácticamente lo único que conserva de su vida anterior son los recuerdos. Pero no le ocurre así a Spike. William es transformado en vampiro pero sigue sintiendo lo mismo que antes: su amor, su miedo… nada en él ha cambiado, más que los inevitables cambios físicos de este nuevo estado de no-muerte. Pero ser único no es un camino de rosas, y William no tardó en descubrirlo cuando, demostrando su normanbatesiana relación con su madre, la salvó de una vida enferma transformándola en vampiro… pero ese vampiro ya no era su adorada madre, y encontrar al demonio en el cuerpo de la persona que más amaba fue el primer gran golpe de su “vida” como vampiro. Así, poco a poco, fue olvidándose del concepto de moralidad que tenía cuando estaba vivo y se fue adaptando a su nueva condición, convirtiéndose por el paso de los acontecimientos en lo que cualquier nuevo vampiro se convierte de un mordisco. Y no solo eso, sino que este primer enfrentamiento con un verdadero vampiro en la forma de su madre le llevó a ser víctima de las artimañas de The First, quien usó su trauma para instalarle un “activador” (¡gracias por la traducción, Pedro!) con el que controlarle para que matara; y hasta que Spike no reflexionó y se dio cuenta por fin de que ese monstruo que conoció no era su madre, no pudo apagar el activador.


En vida, William era un apasionado de escribir poesía, pero sus escritos no eran muy apreciados por quienes le rodeaban… opinaban que eran “bloody awful”, lo que le llevó a ser conocido como William the Bloody. Uno de sus oyentes no tuvo reparos en comentar “I'd rather have a railroad spike through my head than listen to that awful stuff”, así que el nuevo vampiro William adquirió la costumbre de clavar trozos de raíl en las cabezas de los humanos, como venganza por el desprecio a su poesía, y esto le dio su nombre de vampiro, Spike.


Así, a golpes y venganzas, fue como Spike se fue convirtiendo en uno de los vampiros más peligrosos que existieron, y junto a su amada y sire Drusilla, Darla y Angelus, se dedicó a sembrar terror allá por donde pasaban.


Cuando Spike ama algo o a alguien, pone todos sus sentidos en ello. Poco a poco fue cogiendo gran afición a la violencia, y ya nada se la pudo quitar: el chip que le pusieron los de la Iniciativa y que le mandaba una descarga al cerebro si intentaba hacer daño a algún humano no frenó la pasión de Spike por la violencia: por eso comenzó a luchar junto a los scoobies, le pagaran a cambio o no, contra demonios y otros vampiros, saltándose así las reglas de respeto entre congéneres no-humanos. Y, cuando la situación lo requería, tampoco tenía ningún problema en asumir el dolor de cabeza que supondría pegar a algún humano (recordemos que fue él quien demostró que Tara no era un demonio dándole un puñetazo). Por amor, como ya he dicho, Spike haría cualquier cosa: cuida de Drusilla mientras está débil y enferma, haciendo grandes esfuerzos por no levantarle la voz ni cuando la locura de ella le saca de quicio; soporta estoicamente la tortura a la que Glory le somete sin decir una palabra sobre Dawn…


You're not friends. You'll never be friends. You'll be in love till it kills you both. You'll fight, and you'll shag, and you'll hate each other until it makes you quiver, but you'll never be friends. Love isn't brains, children, it's blood -- blood screaming inside you to work its will. I may be love's bitch, but at least I'm man enough to admit it.

Algo a lo que Spike también ha cogido cariño es a ser “malo”, y no está dispuesto a dejar de serlo por minucias como tener un chip. Quizá no pueda matar ni torturar a humanos, pero sigue siendo capaz de jugar clandestinamente al póker con gatitos o de hacer contrabando ilegal; porque todo esto encaja en su moralidad “maligna”. Pero algo cambia las cosas, y es la extraña relación que llega a tener con Buffy. Spike se enamora perdidamente de ella, y ella, después de tajantes rechazos, se encuentra en una situación desesperada en la que nada le hace sentir lo más mínimo desde que ha vuelto de la muerte; por lo que recurre a Spike para que le conforte sexualmente, sin darle nada más. Y lo que ni siquiera el chip ha conseguido en Spike, lo hace su relación con Buffy: le trastorna, le incapacita para distinguir lo bueno de lo malo, ni siquiera sus especiales conceptos de bueno y malo, y comienza a caer en un abismo que termina con su intento de violación a la Cazavampiros.
I've lived for sodding ever, Buffy, I've done everything. I've done things with you I can't spell, but I've never been close. To anyone, least of all you; until last night. All I did was hold you, and watch you sleep, and it was the best night of my life. So I'm yeah. Terrified.


Tocar fondo de esta manera es lo que hace que Spike decida recuperar su alma: es consecuente con sus actos, sabe que es posible que Buffy jamás le perdone por lo que ha hecho y no espera que lo haga, pero quiere darle la oportunidad de tener al hombre que se merece, y piensa que el alma es lo que necesita. Mas al igual que fue lenta y dolorosa la pérdida de su alma, es lenta y dolorosa su recuperación que, junto con las apariciones de The First y su activación para volver a matar, termina de volverle loco. Cuando un vampiro, como Angel, recupera su alma, tiene que vivir con la responsabilidad de todos los crímenes que ha cometido, pero procura conscientemente no cometer ninguno más. Sin embargo Spike ha seguido matando, y parece que no hay redención posible para él, hasta que llega su oportunidad: sacrificar su vida. Salvar el Mundo. Otra vez.


Artículo escrito por Alicia Ortega

miércoles, marzo 18, 2009

Retratos Whedon: Anya Christina Emmanuella Jenkins

El sentido de la vida


Anya: I can just hear you in private. "I dislike that Anya. She's newly human, and strangely literal".

La primera vez que vemos a Anya en pantalla, en el episodio “El deseo”, de Buffy, no somos conscientes de la importancia que el personaje adquiriría más adelante en la historia de la cazavampiros. Al principio, su presencia es en apariencia instrumental: es un miembro más del séquito de la desternillante Harmony, una particularmente callada, distante, distinta. Pero tras ganarse la confianza de Cordelia, Anya desvela su verdadero rostro. Ella es Anyanka, un demonio vengador que concede deseos a mujeres despechadas, que quieren que el hombre que les rompió el corazón sufra como un animal en el matadero. Anya no se regocija en exceso de su trabajo, pero tampoco se anda con chiquitas. Concede cualquier deseo, por muy descabellado y sangriento que sea, sin remordimientos, sin sentir nada al respecto. Cordelia cree que la responsable indirecta de sus desgracias (o sea, de que se enamorase de Xander) es Buffy Summers, por lo que su deseo la lleva a un mundo alternativo en el que la cazadora nunca puso un pie en Sunnydale.

Si bien Buffy Summers engloba el tema general de la serie (la gran metáfora de la vida, convertirse en adulto, aceptar las responsabilidades, saber hacer uso de las capacidades de uno mismo, de nuestro poder), Anya sirve un propósito aún más ambicioso: descubrirnos el sentido de la vida, saber qué es ser un humano, y por qué estamos aquí. Tras convertirse en humana (cuando su amuleto es destruido en “El deseo”), Anya comienza la gran odisea de su longeva vida (más de mil años), que consiste en vivirla tal y como un humano lo haría. Sin embargo, la Anya humana no viene con todos los accesorios de serie. No está muy familiarizada con la ironía, no comprende que los humanos mientan, y hace de la sinceridad y la honestidad su manual de supervivencia, sin importarle a quién pueda herir con sus palabras (y no porque esté desprovista de compasión, sino porque sencillamente no entiende que la verdad pueda hacer tanto daño). Anya era a menudo el “comic relief” de Buffy, cazavampiros (incluso desplazando a Xander), con su habitualmente franca postura sobre el sexo, su pasión exaltada por el dinero (su verdadero primer amor humano) y su recién estrenada mente capitalista (una de las primeras lecciones sobre el ser humano que se aprendió), pero sobre todo, por su aversión a los conejitos. Bunnies, it must be bunnies!

El viaje existencial de Anya es un complemento perfecto al que realizan Buffy, Xander y Willow a lo largo de las siete temporadas de la serie. Mientras ellos luchan, cometen errores fatales, y aprenden de ellos, Anya se mueve por inercia, sin saber muy bien qué sentimiento va a abordarla en cualquier momento. En “El cuerpo” , conoce el de la pérdida, la vulnerabilidad ante la muerte [natural] y la impotencia que supone no poder hacer nada para evitarla. Entonces, vemos a la Anya más humana hasta el momento, una recién nacida de veinte años, que se doblega al fin a sus sentimientos más primarios. Pero sigue sin entender nada. Su cuerpo empieza a reaccionar como un ser humano, pero su mente sigue sin alcanzar a comprender el por qué de sentimientos tan arbitrarios y complejos:

“I don't understand how this all happens. How we go through this. I mean, I knew her, and then she's- There's just a body, and I don't understand why she just can't get back in it and not be dead anymore. It's stupid. It's mortal and stupid. And-and Xander's crying and not talking, and-and I was having fruit punch, and I thought, well, Joyce will never have any more fruit punch ever, and she'll never have eggs, or yawn or brush her hair, not ever, and no one will explain to me why”.

La muerte de Joyce, junto con otros puntos de inflexión en su vida mortal, hace de Anya un personaje más rico, más complejo. Al final de la quinta temporada, Anya siente el peligro de la muerte más cerca que nunca, y confiesa a Buffy que quiere vivir, y que por eso está ayudando, por eso lucha junto a ella en el apocalipsis. Por desgracia, los eventos del episodio “Campanas del infierno” vuelven a cambiar a Anya. Hasta el momento, no había conocido uno de los sentimientos humanos más devastadores (o eso pensamos): un corazón roto. Xander abandona a Anya en el altar, dejando a la exdemonio en un estado de suma tristeza y confusión que la lleva a recordar por qué se convirtió en un demonio vengador. Anya alcanza otro cénit en su vida como humana, y quizás por ello, se acaba rindiendo.

Su regreso al gremio demoníaco inicia otro viaje de auto conocimiento. Anyanka ha vuelto, pero ya nada es lo mismo. Los residuos de su vida humana siguen estando ahí, demasiado frescos, demasiado presentes como para ignorarlos. Su descenso a los infiernos acaba en epifanía en el episodio “Desinteresadamente”, de la séptima temporada, en el que vemos a una Anya derrotada, un “ser humano” completamente dominado por su lado oscuro. “Desinteresadamente” es el episodio definitivo de Anya. En él, se nos lleva en un detallado viaje por la vida de Aud, la mujer que más tarde se convertiría en Anyanka, y finalmente en Anya, y se nos descubre el motivo por el que decidió dedicar su vida a la venganza (y de paso, el por qué de su miedo a los conejos): la infidelidad de su marido, Olaf. Todo cobra sentido. El plantón de Xander el día de su boda se reinterpreta como un “trigger”, como la canción que cantaba la madre de Spike a su hijo. Un recuerdo que destapa un dolor oculto, y que hace volver a Anya a sus orígenes, a lo que conoce, a lo que mejor se le ha dado durante diez siglos. En su enfrentamiento definitivo con Buffy, Anya muestra tendencias suicidas (“Stop trying to save me, Xander”), se ha rendido por completo, tanto de su vida como demonio, como de su vida humana. Por ello, le pide a D’Hoffryn (el demonio que otorgó a Aud sus poderes de venganza) que deshaga las atrocidades que ha cometido, aunque el precio sea su vida. D’Hoffryn decide concederle el deseo, pero no sin darle la última lección, el castigo definitivo. Anyanka volverá a ser Anya, y estará condenada a vivir con el peso de lo que hizo.

Todo vuelve a empezar para ella, pero el bagaje ya no es el mismo. Anya parece haber encontrado por fin el camino a seguir, pero, paradójicamente, ella sigue desorientada. En el penúltimo episodio de la serie, vuelve a tener una epifanía, la más importante de todas. De nuevo en peligro por el que parece ser el apocalipsis definitivo (siempre lo es), Anya comprende de qué va eso de ser un humano:

“I guess I was kinda new to being around humans before. And now I've seen a lot more, gotten to know people, seen what they're capable of and I guess I just realize how amazingly... screwed up they all are. I mean, really, really screwed up in a monumental fashion. And they have no purpose that unites them, so they just drift around, blundering through life until they die. Which they know is coming and yet every single one of them is surprised when it happens to them. They're incapable of thinking about what they want beyond the moment. They kill each other, which is clearly insane, and yet, here's the thing. When it's something that really matters, they fight. I mean, they're lame morons for fighting. But they do. They never... They never quit. And so I guess I will keep fighting, too”.

La muerte de Anya en el último episodio de Buffy es a menudo tildada de gratuita e insustancial. La propia Emma Caulfield reconoció, en la reunión del reparto para el décimo aniversario de la serie, que no estaba muy contenta con la manera en que su personaje acabó. Literalmente dijo: “Ella merecía algo más”. Parece que ni la propia Emma alcanzó a comprender el significado de la muerte de Anya, y sobre todo de que sucediera en un abrir y cerrar de ojos. Esa aparente falta de relevancia de su muerte impedía ver otros detalles mucho más importantes: Anya muere luchando (y además, defendiendo a otra persona), lo que nos remite a su discurso pre-apocalítico. Es decir, Anya muere habiéndose convertido por fin, y completamente, en una humana. El ciclo se completa, y su muerte es la manera perfecta de poner el punto y final al que quizás es el personaje más coherente y redondo de toda la serie. Pero sobre todo, la muerte de Anya nos pilla a todos de sorpresa, a ella la primera (la atacan por la espalda). Y nos duele, nos afecta, pero nos hace comprender mejor su discurso filantrópico. Con su muerte, Anya, y Whedon a través de ella, nos imbuyen del espíritu luchador que recorre toda la serie. Como decía, Anya muere siendo más humana que nunca, y gracias a ella, nosotros, al acabar la serie, lo somos también un poquito más.



Artículo escrito por Pedro J. García

domingo, marzo 15, 2009

Dollhouse 1x05 - True Believer


T
his is real (...) just a girl.

Éste no es un gran capítulo, desde luego no lo es si lo comparamos con el anterior, pero nos deja a un paso del sexto... nosotros sí que somos unos true believers.

Esta semana se nos ha confirmado que Alpha le envía información a Ballard, suponemos que para ayudarlo a que encuentre a Caroline, Echo. También se ha confirmado que Dominic quiere acabar con Echo y que ésta hace gestos que me perturban cuando él está cerca: el gesto a Sierra del final del tercer capítulo y al final del que nos atañe, la miradita de reojo que podría haberlo fulminado... Sin olvidar cómo en medio de la crisis con el incendio algo le dice que no deben quedarse a morir y los saca... hay un cambio sustancial en su actitud que no terminamos de tener claro si se debe a que el personaje de Esther reaccionaría así ante ese desajuste, si es alguna personalidad residual o si es simplemente Echo (o lo que podría ser más perturbador, un residuo de la personalidad de Caroline). Lo cual nos plantea una pregunta: ¿cuánto recuerda realmente Echo después de ser borrada? ¿Se hará realidad su frase del primer capítulo cuando le responde a DeWitt que tras borrar una pizarra se sigue viendo lo que hubo escrito? ¡Chanchán!

También resulta interesante el detalle de las "reacciones masculinas" de Victor. Y que sobre todo esto planee el que por primera vez no importe que Echo muera en el proceso de implantarle su personalidad y adecuarla a la misión. Hasta ahora se corría el riesgo de que pudiese pasarle algo mientras estaba activa, pero era un riesgo elevado con el que se contaba, pero esta vez se la ha puesto en peligro desde el momento en que se decide implantarle la cámara en el cerebro. En este capítulo se descubre también que en las altas esferas de poder se conoce y protege el proyecto Dollhouse cuando un senador se presenta y solicita un activo para que se infiltre en una secta de cuyo lider se sospecha que trafique con algo. Para ello, deciden crear un milagro: una creyente ciega que llega a la comunidad porque su lider se le apareció en sueños. De ahí lo de la cámara en el cerebro, para transmitir al equipo policial en directo lo que "ve" (porque el proceso conlleva la pérdida del dominio de su visión... los ojos transmiten a esa "cámara", no al cerebro)... Interesante la reacción de Claire que, como ha demostrado en algunos gestos antes, tiene sus dudas respecto al proyecto. Esto puede ser importante a la hora de la eliminación de Victor (¿votos a favor de que no lo eliminan? ¿votos en contra?).

Lo que está claro después de este capítulo es que es necesario que las tramas de fondo de la serie evolucionen un poco y que los personajes se relacionen más entre sí. Echo de menos las conversaciones de Whedon, porque las tramas de las misiones están bien, es maravilloso ver a Dushku adaptarse a cada papel y la tensión por la búsqueda de respuestas es emocionante... pero van pasando los capítulos y, exceptuando a Langton (y un poco a Ballard), apenas sabemos nada de los personajes. O lo que parece peor, sabemos de los personajes: las cicatrices de Claire, algo de Topher, poquísimo de DeWitt, menos de Dominic (salvo que quiere quitarse de enmedio a Echo)... y no lo sabemos, porque apenas se relacionan entre ellos.

Por último: me sigue inquietando (mucho) Mellie, la vecina acosadora de Ballard. Al principio pensé que ella era el activo cercano al agente. De hecho, de vez en cuando me sigue asaltando esa idea, aunque me parece demasiado descabellada. Tendremos que esperar a ver qué sucede la semana que viene en el ansiado episodio sexto, espero que se desvele alguno de los interrogantes que flotan en el aire... Yo quiero saber sobre la relación entre Echo, Sierra y Victor y el porqué de sus miradas... Me tienen de los nervios las miradas...

¿Qué esperáis vosotros que pase?


Artículo escrito por María Riveiro

Firefly o el mestizaje (de culturas, de géneros...)

[Atención: este post puede contener spoilers de la serie y la película].

Voy a empezar con un pequeño brainstorming de cosas a destacar, así en general: los insultos en chino y los pantalones de tiro largo con tirantes. Que en el futuro la prostitución no sólo sea legal y esté regulada, sino que sea una profesión respetable (de las más respetables, de hecho). Que no haya "extraterrestres"; me parece todo un atrevimiento hacer una serie de ciencia-ficción futirusta en la que no haya seres de otros planetas, sino que los humanos los hicieron habitables y se asentaron en ellos. Que el futuro sea polvoriento (y cheesy ;->) Que el futuro suene a folk (a juego con los pantalones) y parezca el salvaje Oeste (de hecho, se podría decir que es una serie Western con naves espaciales). Que los idiomas universales sean el inglés y el chino, y que el chino sea el idioma en el que se insulte y se digan barbaridades... (no voy a hacer una lectura política u osada al respecto, aunque me sonrío sólo de pensarlo) y que haya momentos en los que no entiendas las palabras pero sí comprendas el significado (y suene como a un idioma alienígena la mayor parte del tiempo). El capítulo Out of Gas: grandioso, el mejor (a pesar de cómo reacciona Kaylee, tan poco acorde con su personaje)... Pero la genialidad de la serie no llega hasta el último capítulo en el que River tiene uno de los mejores momentos lúcidos nunca vistos... ni HAL9000, ni el holograma de Enano Rojo, ni los sistemas de navegación más sofisticados de la ciencia-ficción: River y su gran momento de lucidez.

Una de las mejores cosas que le ha podido pasar a esta serie (que no a Whedon ni a sus seguidores, no me malinterpretéis, soy la primera que hubiera deseado viajar más tiempo a bordo de Serenity) es que sólo haya tenido tiempo para 14 capítulos. No dudo de la capacidad de Whedon y su equipo para introducir nuevas tramas, pero el que hayan tenido tiempo para tan poco, lo hayan hecho tan bien y que el final de la serie sea una película, me parece parte de su exito y uno de los elementos fundamentales para convertirse en una leyenda y seguir mitificando el universo Whedon (y poner a todos los seguidores de Dollhouse de los nervios pensando en que si pudieron cancelar una maravilla como Firefly, lo mismo no les tiembla la mano si Echo no cumple con la audiencia).

Algo que me llamó la atención desde el principio es que ésta es una serie "seria". Quiero decir, Buffy no era seria, Angel no era seria... Bueno, más que seria debería decir "madura". Supongo que el que los personajes no sean adolescentes viviendo una vida "secreta" en la que una joven es la elegida para mantener al mundo a salvo de los demonios, ayuda. Pero en esta serie también tenemos a un héroe solitario con su propia trama de tensión sexual no resuelta. Cómo me cansan las tramas de tensión sexual, son ganas de que los personajes lo pasen mal... Vamos a ver, ¿tú quieres? Sí. ¿Ella quiere? Sí. El resto es puro masoquismo. Hasta cierto punto entiendo la idea de la mujer que tiene su trabajo, un trabajo respetable aunque el tradicionalista de su enamorado no lo vea así, y no está dispuesta a renunciar a su vida por un hombre. Vale. Pero sólo hasta cierto punto. También es que yo soy un tanto romántica.

A estas alturas, algunos preguntaréis ¿y la película? Como comenté antes, Serenity no es más que el resumen de lo que se quería contar en el resto de la serie. Y cuando la ves empiezas a pensar que tampoco habría pasado nada si en vez de 14 capítulos hubieran sido tres temporadas compartiendo robos y proteínas con la tripulación de la nave Firefly, que son unas personas bastante interesantes.

Para un resumen más riguroso de la serie, aquí. Para un poco de historia, en este mismo blog, aquí.

[Sé que estos no son los análisis a los que estáis acostumbrados, ni siquiera tengo claro que sea propiamente un análisis... espero que, al menos, os lo hayáis pasado bien leyendo la parrafada].


Artículo escrito por María Riveiro

sábado, marzo 14, 2009

Buffy, Temporada 8

“No es lo mismo”

(Esta entrada contiene spoilers de los primeros quince números de la temporada 8 de Buffy)

El 14 de marzo de 2007 la octava temporada de Buffy inició su andadura. Hoy hace justo dos años que, precedido de una expectación inaudita, el primer número del flamante cómic editado por Dark Horse Comics fue publicado en Estados Unidos. Desde entonces, se han publicado 22 números, que forman cuatro grandes arcos argumentales: The Long Way Home, No Future for You, Wolves at the Gate y Time of your Life (cada uno de ellos compuesto por cuatro números, más un mini-arco independiente que sirve de pasarela de un arco general a otro). Es decir, la octava temporada de Buffy es la más larga de todas, a pesar de llevar por ahora solo cuatro “episodios”. Claro que en el mundo del cómic, todo es mucho más lento, comparado con el frenético ritmo de la televisón. A pesar del éxito de crítica (el primer año ocupó los primeros puestos de las listas de mejores cómics) y de público (enormes ventas para Dark Horse), existe cierta unanimidad a la hora de valorar la nueva andadura de Whedon en el mundo de las viñetas: No es lo mismo que ver Buffy en la tele. Es peor. Pero a falta de pan…

A pesar de esta predisposición a la frustración, Joss hizo lo posible por ofrecer a los seguidores la experiencia más cercana posible a lo que suponía ver la serie en televisión, y por suerte, lo consiguió. El primer arco, The Long Way Home (en España, El largo camino a casa), es el mayor exponente del esfuerzo de Whedon por extrapolar la fina ironía y los ricos matices de los diálogos de la serie de televisión a las páginas del tebeo. Gracias al guión de Whedon, por momentos podemos imaginar a Sarah M. Gellar, Anthony S. Head o Nicholas Brendon recitando sus frases a viva voz. Podemos verlos en nuestra mente, escuchar la cadencia de sus voces, disfrutar de sus expresiones faciales y corporales. En No Future for You (No tienes futuro), Faith habla tal y como en la serie, y no se limita a decir “five by five”, sino que los guionistas dominan perfectamente su idiolecto, y nos dan a la verdadera Faith (a pesar de que le pongan un vestido). Las preciosistas portadas de Jo Chen apoyan este empeño de Whedon en poner las cosas fáciles a los néofitos del cómic, o a aquellos seguidores de Buffy, que a pesar de conocer el noveno arte a la perfección, no concebían una continuación de la serie, a menos que fuera en pantalla grande, o en forma de telefilm. Los pinceles de Chen recrean a nuestros personajes favoritos tal como son (bueno, alguna liposucción procedía, ejem, Xander, ejem), e invitan a una lectura acomodada por parte del fanático. Sin embargo, esto es solo una muy efectiva estrategia para allanar la entrada del lector a un universo ya conocido, pero que pronto comenzaría a experimentar, sin ningún tipo de límite en el horizonte.

Queda claro que Whedon dejó volar su imaginación más que nunca, y aprovechó el medio impreso para hacer todas las cosas que un presupuesto de televisión (e incluso de superproducción de cine) jamás le habría permitido hacer. En el primer arco ya podemos ver este despliegue de espectacularidad: las cazadoras forman un enorme ejército liderado por Buffy Summers, que dirige las distintas facciones a lo largo y ancho del mundo; Dawn es gigante; Willow vuela. Estos son algunos ejemplos de las ideas poco factibles de Whedon, hechas realidad en las páginas de The Long Way Home. Pero eso no es nada, en los dos siguientes arcos, el despliegue es aún mayor, especialmente en el tercero, en el que la acción se traslada a Japón, donde se desata una batalla sin precedentes (mientras Dawn invade la capital nipona cual Godzilla llena de rabia adolescente). En teoría, todo esto suena muy divertido, o cuanto menos, impactante y llamativo, pero lo cierto es que la ejecución no es tan satisfactoria, y la traslación de este nuevo mundo espectacular al buffyverso chirría un poco. La intención es buena, pero al final, ya nada es lo mismo…

Sin embargo, hay ciertas cosas que no cambian, y por suerte, la octava temporada de Buffy sigue el camino de experimentación y oscuridad trazado por la sexta temporada en televisión. El sexo vuelve a estar presente, y aunque no adquiera la trascendencia de los episodios en los que Buffy se deja llevar por el desenfreno, se agradecen viñetas muy atrevidas, como la del trío imaginario entre la cazadora y sus dos vampiros de cabecera, Angel y Spike (por ahora tenemos que conformarnos con un simple cameo, ya que ambos personajes se deben a su propio cómic en otra editorial). Pero es en el tercer arco, Wolves at the Gates (Lobos a las puertas), cuando la cosa se pone picante, con la (forzada) relación lésbica de Buffy como una de sus reclutas. Conclusión: No es como ver el polvo astronómico a lo Esta casa es una ruina, versión X, de Buffy y Spike en la temporada seis, pero el atrevimiento y la honestidad de Whedon son bienvenidos. Así como también lo es su gusto por explorar la zona gris de la moral humana, como hace en la mejor trama de los primeros 15 números: The Chain, la deprimente historia de una de las dobles de Buffy, peones del nuevo regimen, herramientas para desviar la atención de los enemigos de la verdadera cazadora.

Quizás lo peor de estos cómics sea la dependencia de antiguos personajes del buffyverso para llevar a cabo tramas realmente interesantes. ¿De verdad es necesario hacer volver a Amy, Drácula y sobre todo, a Warren? Involucrar a secundarios como ellos en los arcos principales de la serie solo sirve para desviar la atención del argumento, hacia el mero hecho de su presencia (con una aparición siempre a toda página y finalizando un número), que no es tan importante como la de los supervivientes del apocalipsis en Sunnydale. Yo siempre he dicho que el hecho de que regresen personajes que salieron para siempre de Buffy o Angel, sobre todo los que murieron, hace que sus despedidas del buffyverso pierdan impacto. Es como sucede con cierto personaje en el nuevo cómic de Angel (del que hablaré más adelante en este blog)… Aunque, ¿quién no quiere volver a verlo a “él”? Lo sé, es una contradiccón.

Los siguientes arcos argumentales de la temporada son a primera vista muy atractivos. Además de una historia sobre Harmony, otro personaje del buffyverso regresa (espero que no todas las historias de la nueva temporada dependan del regreso de un secundario): Fray, la cazadora del futuro. Pero Fray es una creación exclusiva para cómic (y su historia fue la mejor de los cómics editados sobre el buffyverso antes del estreno de la octava temporada), lo que hace que Time of your Life tenga un atractivo añadido. No sé cuánto tiempo más durará esta octava temporada (ya se habla de una novena, pero no hay datos de fechas al respecto), pero mientras lo haga, espero que siga contando con los guiones y la supervisión de Whedon y los demás guionistas y creadores de Buffy y Angel (por ahora, Drew Goddard ha co-escrito Wolves at the Gate, Jane Espenson se ha encargado del guión de Harmonic Divergence y Doug Petrie ha escrito el número Living Doll). Sabemos que cómic no es lo mismo que televisión, pero que nadie nos culpe por querer que nuestros personajes favoritos se parezcan un poco más a ellos mismos, y que gracias a sus padres y creadores, nos olvidemos de que estamos disfrutando de Buffy, Xander, Willow y Giles sobre el papel.

Aquí todas las portadas de los números editados hasta la fecha, y los que serán publicados próximamente, así como información sobre ellos:
http://www.darkhorse.com/Search/Buffy%20Season%208

Norma Editorial se encarga de la octava temporada de Buffy en España:
http://www.normaeditorial.com/


Artículo escrito por Pedro J. García

jueves, marzo 12, 2009

Josshouse


Es un absoluto placer y privilegio para mí presentaros el estreno de Vickyboom como whedonite activa en este blog (de acuerdo, ya me dejo los juegos de palabras). Ella ha escrito para nosotros una valoración global sobre Dollhouse (como no podía ser de otra manera), tras haber visto los cuatro primeros episodios. Es el momento perfecto para una evaluación general sobre la serie, y Vickyboom nos la sirve en bandeja de plata. Gracias por escribir. Y a vosotros, gracias por leer.


Josshouse, escrito por Vickyboom.


Teniendo en cuenta que mi incursión en la ficción de Whedon es reciente, poco o casi nada puedo hablar de lo que supone la llegada de su última criatura a la pequeña pantalla y de si esta está a la altura de sus antecesoras. Para los que llevan tiempo viviendo en el Whedonverso, Dollhouse está sujeta, inconscientemente, a cumplir un mínimo de calidad que la haga, si no mejor, igual de eficaz que Buffy o Angel: cuando un genio nos regala arte una vez, automáticamente esperamos (incluso, exigimos) que siempre nos lo vuelva a regalar.

Libre entonces de la presión que supone conocer profundamente al genio, opinar sobre Dollhouse debería resultarme sencillo pero… no lo es tanto. Mis sensaciones son algo contradictorias pero mayoritariamente buenas. Con los ecos antes del estreno de una trama que parecía recurrente y facilona, llegó el piloto de la serie y se quitó de un plumazo esa etiqueta. Dollhouse comienza (y me refiero a los tres primeros minutos) muy al estilo Whedon: dejándonos con la duda de qué es lo que le ha pasado a Caroline para que se vea obligada a formar parte de la empresa de DeWitt, qué fue lo que hizo para que entrar en Dollhouse (que aún no sabemos realmente qué es) sea su consecuencia más directa y para que Caroline pase a ser Echo. Un punto de partida simple que, sin embargo, nos perseguirá en cada capítulo: “Hablo de borrar la pizarra”, dice Adelle DeWitt. “¿Alguna vez has intentado borrar una pizarra de verdad? Siempre ves lo que ponía antes…”, contesta Caroline. Enigmáticas frases que van cobrando sentido conforme avanza la serie.

En la primera toma de contacto con Dollhouse, en el episodio piloto, hay que darse un respiro para asimilar toda la información que nos da, intentar ordenarla y buscarle sentido (algo que realmente sucede conforme avanzan los capítulos). Este estimulante primer episodio deja una sensación ambigua, de atraparte por completo y, a la vez, de notar que existen vacíos extraños. Empezamos a conocer en qué consiste el (poco ético) proyecto Dollhouse y a los personajes que le dan forma: la jefaza de todo, su guardia faldero, el joven científico que maneja cerebros a su antojo, el protector de Echo, el agente del FBI empeñado en demostrar la existencia de La casa de muñecas… y los activos: personas encargadas de realizar las más variopintas misiones por encargo a partir de un borrado-postmodelado de memoria. Y aquí entra en acción Echo, o lo que es lo mismo: Eliza Dushku.

En estos cuatro capítulos es ella la que otorga verdadera fuerza a la serie (aunque no la única: DeWitt, Ballard y Langton hacen bastante bien el resto). Camaleónica como no esperaba que pudiera llegar a ser, Dushku imprime a la historia un poder absorbente que consigue que no te muevas del sofá y que quieras saber más y tener más Echo. Cierto es que, con este personaje, ha tenido algún altibajo que otro y que en más de una ocasión ha recordado a Faith (esos movimientos de macarrilla, la actitud de “Eh tío, yo puedo con todo!” y alguna que otra coletilla parecida al ‘five by five’). Sin embargo, a pesar de esos puntos flacos logra una muy creíble versatilidad en cada uno de los ‘subpersonajes’ en los que se convierte Echo. En el último capítulo hasta la fecha, ‘Gray Hour’, el mimetismo y la perfección del personaje es brutal: Echo, modelada para ser Taffy, una cazatesoros experimentada, es borrada a distancia sin que nadie sepa cómo. Y es ahí donde la actriz se crece y se supera a sí misma, a la hora de cambiar en un abrir y cerrar de ojos una personalidad por otra. Sus ojos, su expresión, su cuerpo frágil y su desconcierto te golpean en lo más hondo, te hacen caer rendido a sus pies y asumir que es ella, Eliza Dushku, y no otra, la única que podía dar vida a este personaje formidablemente rico en complejidad y múltiples registros. A mí, personalmente, me rompe el alma cuando le dice, refiriéndose a uno de los tipos con los que iba a robar las obras de arte, a Langton: “Está roto…”. Tremendo.

Sobrevolando constantemente cual rapiña la posibilidad de cancelar la serie por los dichosos mínimos de audiencia (al parecer bajaron bastante con este último episodio), creo que si dejan que Dollhouse se ubique, asiente y coja forma, puede darnos grandes momentos y muchas alegrías. A nadie se le escapa que no es una serie cualquiera, que no sobrevive con la vieja táctica de un caso por capítulo resuelto al final del mismo y a la semana siguiente vuelta a empezar. No. Es bastante más intensa que eso, con tramas entrelazadas que sólo pueden descubrirse poco a poco y con unos personajes granados en detalles que requieren tiempo para poder ser explotados. Necesita poder desarrollarse del todo… Espero que en la FOX lo comprendan y nos dejen seguir disfrutando de otro de los mundos, uno más, del genio Whedon.


Artículo escrito por Victoria Santiago