“Here We Go”“Needs” es justo lo que necesitábamos (juego de palabras intencionado, por supuesto). Una semana después del que considero el peor episodio de
Dollhouse hasta la fecha, la serie golpea con fuerza otra vez. Si en “Man on the Street” se exploraba el universo temático de Whedon en profundidad, a base de manierismos por todos conocidos, y ofreciendo una importante descarga de información, en “Needs” el desarrollo de personajes implosiona en una espiral de revelaciones y emociones que reavivan la promesa que nos hizo Whedon de darnos una segunda mitad de temporada para el recuerdo.
Dollhouse adquiere verdadero potencial icónico con “Needs”, gracias a la revolución que supone conocer de verdad a las personas que se esconden tras los muñecos de DeWitt. Insisto, este episodio es justo lo que el espectador necesitaba, un curso acelerado sobre las verdaderas personalidades de Echo, Sierra, Victor y November (qué bonitos los cuatro nombres dichos uno tras otro) para ver todo con otros ojos. A pesar de las buenas intenciones, y del excelente episodio (acertadamente denominado “
game changing” por el propio Whedon) “Man on the Street”, se hacía urgente una estrategia para acercar al espectador al corazón de
Dollhouse, más allá de sus vistosas tramas de acción y sus inquietantes preguntas por resolver. El experimento de la cada vez más fascinante doctora Saunders para reiniciar las mentes de sus activos (sus niños, nada de mascotas) y seguir controlándolos tal y como lo hacían antes de que todos empezasen a recordar, nos sitúa en una posición privilegiada ante la historia. Al igual que DeWitt y su Gran Hermano particular (pero con mucha menos información, claro está), nosotros observamos a los activos tratando de encontrar una salida de la Dollhouse y hacia sus vidas, sin saber que están siendo objetos de otro experimento más. La (sublime) escena en la que los activos despiertan en sus ataúdes de diseño (primera de las referencias a la muerte de las que hablaré más adelante) recuerda inevitablemente a aquellos episodios de
Buffy y
Angel en los que los personajes cambiaban de personalidad (“Tabula Rasa”, “Spin the Bottle”), resultado de un hechizo, y deben trabajar juntos para descubrir qué está sucediendo. Este recurrente esquema narrativo (en gran parte también utilizado en el episodio anterior, “Echoes”, pero con resultados menos satisfactorios) sirve para infundir al espectador de una sensación de cooperación, alianza e incluso amistad que tan importante fue en las series vampíricas de Whedon, y que tanto se echaba de menos en
Dollhouse. La unión hace la fuerza, y de paso nos da un par de excelentes planos de grupo que quedarían estupendamente en el
opening de una hipotética segunda temporada (de ahí la iconicidad de la que hablaba).
Son demasiadas las escenas y los momentos a destacar de “Needs”, por lo que haré una especie de barrido sobre la trama, y me detendré en algunos de los que personalmente me han

impactado más. En primer lugar, las escenas de Victor y Sierra son, sin duda, algunos de los puntos más fuertes del episodio. Es fascinante comprobar cómo se establece una relación casi a nivel primario entre ambos. La indefensión de Sierra casa a la perfección con el instinto de protección de Victor (que cada semana me gusta más y más), y la química entre ellos es inevitable y desbordante. Los pequeños detalles de personalidad que salpican el episodio contribuyen a un mayor acercamiento a
Dollhouse (que no se diga que Whedon no hace todo lo posible por enganchar, semana tras semana, a nuevos espectadores, sin dejar de satisfacer a los fieles). Victor tratando de evadir su mente en las duchas, la fascinación de November por el vestuario de los activos o el acento de Sierra son algunos de los sutiles rasgos de personalidad que ayudan al desarrollo de personajes made in Whedon, y que junto a la información a gran escala (como que la historia se sitúe en el presente) amplían el espectro de la audiencia potencial, mientras semana tras semana los whedonites podemos reconocer con mayor facilidad a la mente pensante tras el proyecto. Joss y la Fox están cerca de conseguir el equilibrio perfecto.
En cuanto a los miembros de la Dollhouse, la escena en la que la doctora Saunders sugiere el plan para evitar la inminente rebelión de los activos responde a los mismos parámetros que la escena (también contada a modo de flashback) de “Chosen”, el episodio final de
Buffy, en el que la cazavampiros explica a
scoobies y cazadoras potenciales el plan para ganar la batalla final. En esta escena comprobamos el casi enfermizo empeño de DeWitt por mantener su “casa” dentro del equilibrio establ

ecido, mostrando rasgos casi sádicos, lo que la convierte en una de las villanas no villanas más fascinantes de la televisión actual. Por otro lado, Topher sigue demostrando que Whedon está detrás de todo, y al igual que en los dos episodios anteriores, continúa ejerciendo de
comic relief, cada vez con más efectividad (“I am, BTW. Afraid of the dark”). No es casualidad tampoco que Boyd nos haga pensar de nuevo en
Buffy. Ya desde el primer episodio quedó claro el paralelismo entre los
handlers de
Dollhouse y los
watchers de
Buffy, pero en este episodio se va más allá, retomando la cuestión del límite de estos whedonianos personajes con respecto a la implicación de estos con sus “niños”. En general, la reunión de DeWitt con sus empleados resulta igual de informativa sobre las personalidades de la Dollhouse que todas las escenas de los activos, y el equilibrio que se establece entre ambos grupos de personajes dota de mayor entidad a la “casa”.
Y finalmente, Echo. O mejor aún, Caroline. Si en “Echoes” se nos mostraba a Caroline como una estudiante activista contra el maltrato de animales, en “Needs” se va mucho más lejos, presentándonos a un personaje sin límites cuando se trata de buscar la justicia, de liberar a los oprimidos. En “Needs”, Caroline alude insistentemente a los activos como ratas de laboratorio. Lo que en un principio parecía un rasgo de personalidad más bien pobre, se convierte en una introducción más que acertada para Caroline. Su espíritu PETA (nótese la ironía, Dushku fue lapidada públicamente por esta organización debido a su afición a la caza) no es más que un leve reflejo de la verdadera personalidad de Caroline, quizás una heroína “rota” que solo tiene un objetivo claro: “Marcar la diferencia” (¿Alguien más ha pensado en Faith otra vez? Si hasta la han llamado “rogue active”).
Por último, y por mucho que suene a cliché, la propia Dollhouse se convierte en este episodio en un personaje en toda regla. La “casa” es un símil de muchas cosas, pero en “Needs” destaca la (moralmente ambigua) comparación de esta con el propio paraíso, y lo que esto conlleva, la muerte. Son muchas las referencias que nos llevan a pensar en la Dollhouse como un cementerio para almas descarriadas, un lugar al que acudir para matar a la persona en la que nos hemos convertido. Al inicio del episodio vemos el cadáver de Echo. Y al final, Sierra dice “Feels like dying either way” al darse cuenta de que tanto en la Dollhouse (el cielo) como en la calle (el infierno) quizás esté igualmente muerta. Y por supuesto, está el momento en que Caroline conduce a los muertos vivientes de la Dollhouse hacia la cegadora luz del exterior. Al final, todo es una ilusión (como muestra la preciosa escena en la que los activos se quedan dormidos y son recogidos para llevar de vuelta a "casa"). Despertar al fin, es decir, recuperar la vida que los activos sacrificaron les lleva al punto de partida, al momento de “closure” que les hará recordar por qué mataron a su propio yo y vendieron su cuerpo a la Dollhouse. La tragedia de sus vidas les lleva al sueño de sus no vidas, y la promesa de conocer más detalles de ambas nos impide apartar la mirada de esta casa, cada vez más compleja desde el punto de vista moral, y símbolo principal de una fábula incómoda y fascinante a partes iguales.

Artículo escrito por Pedro J. García