viernes, diciembre 25, 2009

Runaways - Niños Atrapados


Cuando me enteré de que Joss Whedon iba a guionizar un arco argumental de 6 episodios de una serie de un cómic Marvel, al instante me puse manos a la obra para informarme de todo lo relevante respecto a ese cómic y por qué Whedon le había echado el ojo.

Navegando por Internet me enteré de que Runaways es el cómic favorito de Whedon, con el que cuenta los días cada mes para comprarse un nuevo número. ¿Qué tenía ese cómic? Muy sencillo: uno de los mejores guionistas que ha pisado y pisará jamás este mundo y el otro, Brian K. Vaughan. Es imposible hablar de Runaways sin mencionarlo si quiera, porque él es su padre. Él solito escribió los dos primeros volúmenes de Runaways, lo equivalente más o menos a temporadas televisivas en el mundo del cómic. Él creó a los personajes, les dio vida, los introdujo en esa historia tan extrañamente adictiva y los ha seguido moldeando hasta el último de sus días como guionista de Runaways. Y así le ha dejado el relevo al genial Joss Whedon. Y no podría haber acertado mejor, puesto que las similitudes entre Runaways y la obra más conocida de Joss, Buffy Cazavampiros, eran indirectamente muy parecidas en algún aspecto u otro.


Recuerdo leer que cuando Whedon se enteró de que Brian K. Vaughan dejaba la serie, él empezó a frotarse las manos como el Sr. Burns, y es que Whedon hace un trabajo perfecto en "Niños Atrapados" (Dead-End Kids).

En tan sólo 6 números, Joss Whedon inventa una historia tan divertida como interesante, llena de guiños y situaciones realmente originales, con las que te das cuenta de que Whedon conoce tan bien a los personajes como Vaughan, su creador.

Y es que la historia no podría ser más fresca: los Runaways llegan a Nueva York con la intención de quedarse durante un tiempo para respirar otros aires tras el daño padecido en Los Ángeles (daño que siguen sufriendo), y deciden ponerse en contacto con Kingpin (el mafia de los mafias de NY) para que su velada sea pacífica, sin superhéroes ni autoridades molestando (recordemos que, ante todo, son fugitivos -"Runaways"). Éste les propone algo a cambio de esa protección que reclaman: quiere que roben un objeto. Aunque no todos están contentos con ese trato, acaban dando su brazo a torcer y terminan metidos en un follón de los gordos al que deciden darle solución usando el extraño objeto que previamente habían robado. Entonces ocurre: aparecen en una Nueva York 100 años más joven. Como era de esperar, el objeto se rompe y hasta que no descubran el modo de repararlo, se quedarán atrapados ("Niños atrapados") en 1907. Pero en 1907 las cosas están tan feas (o quizás un poco más) como en el presente, por lo que los Runaways se ven inmiscuidos en una serie de conflictos que acabarán a lo grande para que finalmente los chicos (que no niños) vuelvan al 2007 y todas las piezas que Whedon ha ido soltando durante esto geniales 6 capítulos encajen. Pero ya no es lo mismo. 1907 ha cambiado tanto a los Runaways como ellos han cambiado 1907. Y ahora lo único que estos quieren hacer es continuar con sus vidas.

Victor- Vayámonos a casa.
Nico- Hacía tiempo que no escuchaba esa palabra...
Victor- Así no sabremos adónde vamos.


Cuál es nuestro lugar.

Me ha costado pillar el mensaje de la historia (siempre me cuesta), pero creo que esta vez lo he pillado bien. Si analizo individualmente a qué problemas se está enfrentando cada personaje en realidad, consigo sacar cómo todos están buscando de algún modo su sitio. Como Chase.

Tras la muerte de Gert, Chase es el que anda más perdido de todos. Por eso cuando va con la máquina del tiempo a ver a Gert, nos dejan con la duda de si Chase será capaz de evitar la muerte de su novia y así no afrontar su situación. Pero finalmente, Chase no es tan egoísta como nos habían hecho creer y decide respetar el curso de las cosas. Y sin que él se de cuenta, Chase ha conseguido con eso reencontrar su lugar.

Chase- Simplemente me escondí y la observé durante un rato.
Nico- ¿Fue muy duro?
Chase- Fue jodidamente hermoso.

Luego tenemos a Klara, la niña de 1907 casada con un viejo maltratador que afortunadamente se cruza en el camino de Molly y Karolina. Esta niña estaba tan asustada de su marido que decidió huir de la mano de los Runaways para intentar encontrar su lugar en el presente, y así de paso superar los prejuicios que 1907 había inculcado sobre ella.

Chase- ¿Sabéis lo que me gustaba del siglo pasado? No había niños. Nadie nos trataba como a críos. Por una vez éramos iguales al resto, no éramos inferiores. No iría mal que las cosas fueran así en el siglo XXI. La edad no hace a los adultos.
Klara- Eso es lo que mi esposo siempre decía.

También está Nico, aparentemente en normal estado, pero según su antepasado bruja, sin madera de luchadora, muy débil. Tiene que sentir dolor para ser una campeona, para que saque todo su poder. Por eso la somete a todo tipo de torturas mágicas para que finalmente en el último capítulo aparezca una Nico más poderosa, más bruja.

Bisabuela de Nico- No pienso dejar que mi línea de sangre quede diluida por la apatía y la idiotez de una generación que sólo engendra adolescencia eterna. No permitiré que mi bisnieta viva a merced de su humanidad. Puedo convertirte en alguien mejor.


Karolina queda prendada de 1907 al principio, cosa que a Xavin no le agrada demasiado, pero Karolina no tarda en darse cuenta de que esa época no es tan mágica como le parecía. Pero ese no es el principal problema que sufre esta pareja, y es que la duda del sexo original de Xavin todavía no está resuelta (recordemos que es un metamorfo), así que en una discusión, Xavin pierde la concentración y muestra su forma verdadera: la de una mujer. Aunque sinceramente yo todavía sigo con la duda...

Xavin- Molly me dijo que te incomodo. Creía que te sentirías más a gusto con alguien que te gusta.
Karolina- Xavin, tú me gustas. Sólo tienes que ser tú mismo.
Xavin- Pero si no tengo idea de quién soy.
Karolina- Sí. Bienvenido al club.
(Runaways vol. 2 nº 23)


Y finalmente, y por ello en esta ocasión más importante, tenemos a Victor y a Lillie, viviendo toda una historia de amor que acaba trágicamente rota, como a Whedon le gusta. Ambos tenían sus respectivas parejas antes de conocerse, y tras el flechazo los dejaron de lado. Eso demuestra todo el amor que sentían, pero aún así no era el suficiente, puesto que en el momento más decisivo, en el todo o nada, Lillie y Victor se acobardan, quedándose ella en 1907 y él volviendo al presente. Quedan destrozados, pero Lillie más que él puesto que se pasa los 100 años siguientes esperando la oportunidad para cambiar las cosas porque ella sabe que su lugar está donde el corazón quiera estar.

Lillie- Podría haber florecido en el presente. Habría sido maravilloso... Me habría ahorrado todos estos años deseando... esperando... observando cómo la ciudad cambiaba en todo lo que no era importante... y esperando a enviarle en mi encuentro. Para nada.
Tristán- Quizá fracasó. Quizá no te entregó el mensaje.
Lillie- Sí me lo entregó, Tristán. Siempre me lo entrega.




Y para concluir, quiero reconocer que le debo una a Whedon, porque si él no hubiera decidido formar parte de este comic, yo quizá jamás me habría interesado por él y me habría perdido uno los mejores comics que he leído, sin duda.


Artículo escrito por Mariano Pardo

lunes, diciembre 21, 2009

Dollhouse 2x09 - Stop-Loss

Buffy contra el ejército comunista


Unos cuantos estábamos deseando más tiempo en pantalla para Victor, y por fin llega en forma de capítulo centrado en su personaje, al estilo de las series corales de ciencia ficción que han influido a toda la ficción televisiva actual (Lost) y a Dollhouse en concreto (el constante referente de Battlestar Galactica). Precisamente, si éste hubiera sido un capítulo de la serie de SyFy, posiblemente habríamos tenido en 40 minutos un efectivo relato sobre el trastorno por estrés postraumático que sufren los soldados que vuelven de la guerra. Y por las escenas que hemos visto después de que Victor (o Anthony Ceccoli) firmara su "libertad", parecían ir por ahí los tiros.

Pero bueno, Dollhouse tiene los días contados (nunca mejor dicho) y no puede detenerse en temas que, por muy interesantes que sean, no vienen a cuento. Y, efectivamente, no se detiene, ni un momento. Tiene prisa, la serie, por llegar al final que se planteó con "Epitaph One", y eso se nota en dos sentidos: el ultra acelerado ritmo de los acontecimientos (que en ocasiones me recuerda a los famosos vídeos de películas en 1 minuto que hay por youtube), siempre en detrimento de un guión que no llegó a ser excelente ni en sus mejores momentos, y el salto a la acción, que no deja tiempo para el aburrimiento. En ese sentido, ya no nos podemos quejar.

En cuanto a la historia del capítulo, yo diría que es de las mejores ideas de la temporada, porque explota varios aspectos muy positivos que teníamos en la serie. Primero: el eficiente actor que es Enver Gjokaj, de los mejores de la serie. Segundo: Enver Gjokaj sin camiseta. Estoy seguro de que si este hombre hubiera mostrado más cacho antes, el futuro de la serie no habría sido tan nefasto. Esto puede ser una broma o no.

Pero sobre todo explota una de las mejores tramas de la serie: el amor entre Victor y Sierra. Una preciosa historia que se nos ha presentado con más o menos sutileza y que siempre subraya la idea que ya hemos comentado del amor por encima de todo, y aún más, los sentimientos más allá de lo racional.

Sin embargo, no se puede disfrutar del todo este clímax de la historia de amor, por culpa del imparable ritmo, y también por la entrada en escena de las cada vez menos brillantes Eliza Dushku y Dichen Lachman.
La protagonista se está convirtiendo en una suerte de fusión entre Buffy y Faith con lo más cutre de la una y lo más chulesco de la otra, y le está quedando una interpretación de lo más baja. La escena en la que se enfrenta a DeWitt no posee ninguna fuerza, y donde debería haber un duelo de titanes, sólo hay una niña enrabietada chillando a la gran jefaza que es Olivia Williams.
En cuanto a la que interpreta a Sierra, simplemente resulta cómica en casi todos los momentos. Una verdadera pena.


DeWitt, como decía, es la gran jefa. En los últimos capítulos, no me ha convencido su decantación por el "lado oscuro", y he visto bastante forzada su evolución, incluso hasta en este "Stop-Loss", en la que de repente se ha convertido en una borracha decadente. No digo que sea gratuito, tan solo forzado, y lo achaco a la evidente aceleración de los acontecimientos.

Pero sigue siendo muy grande (lo más grande de la serie, al menos), y verla en su peor estado ha sido todo un regalo. Williams consigue lo que sólo los verdaderamente buenos pueden hacer: resultar cómica y a la vez imponente, ser patética sin perder su reinado. En algún momento hasta se le cae la baba, pero no deja de ser británica. Ella es la que nos da las mejores escenas del capítulo.


Tampoco ha sido lo único bueno: he de admitir que incluso Topher ha llegado a tener sus momentos, y ha estado hasta mono. Pero lo más sorprendente del capítulo ha sido el ejército de Rossum. Una nueva página para la mitología de la serie, que nos acerca un poco más al mundo del cómic y los superhéroes. Ese ejército mejorado, imbatible que, aunque en la práctica decepciona mucho, como idea resulta refrescante. También es verdad que ha servido para dar numerosas escenas de combate cuerpo a cuerpo simplemente patéticas, y por suerte en muchos casos graciosas. Por cierto, ¿adónde van a parar todas las balas que disparan a Victor y Sierra justo antes de que aparezca Super Echo? Esa escena es mejor no revisarla mucho, por el bien de la serie, y de la dignidad del espectador.

También es refrescante, y esperanzador, el final del capítulo. Un buen cliffhanger que deja el terreno preparado para lo que quizá sea un gran capítulo. Por el momento, "Stop-Loss" se une a la lista de episodios agradecidos porque buscan entretener, y no llenar el guión de filosofía de baratillo y aburridas historias de relleno. Quizá deberían haber empezado antes...

Artículo escrito por Javi Pocoyó

sábado, diciembre 19, 2009

Dollhouse 2x08 - A Love Supreme

No es amor, es una obsesión


Alpha está en la casa. El súper activo ha regresado más psicópata y desquiciado que nunca, y además, hecho todo un showman. Si en “Omega”, el personaje era un asesino en serie dando pases privados en un sótano, en “A Love Supreme” lleva su espectáculo a un público más masivo (y se viste para la ocasión). Alpha responde a todos los tópicos del asesino en serie como "estrella", un psicópata catódico (o más bien, digital), con la diferencia de que él es, en concreto, seis en uno. Como Echo, Alpha es una persona. Hace tiempo que recogió todas esas fotos del cajón (“Belonging” 2.04), como Echo hace unos meses. Todas las personalidades en su cabeza han dado lugar a una persona nueva, a una mente separada de todas las personas que fue, pero dependiente de ellas. Y como Echo, es consciente de ello. La diferencia es que Alpha no controla sus personalidades de la misma manera que Echo.

Ambos son las dos caras de una misma moneda, dos sujetos con poderes especiales que han decidido usarlos para cometidos distintos. Es el clásico relato de héroes y villanos de cómic, uno de los grandes temas de la obra de Whedon, las distintas maneras de manejar el poder, y la responsabilidad que este conlleva. Y como “nada es lo que parece” en el whedonverso (esta afirmación cae por su propio peso, pues ya conocemos todos las estrategias narrativas del autor, y precisamente, todo es lo que parece en el whedonverso), la motivación de Alpha para sembrar el terror no es la clásica ambición por dominar el mundo (para eso, ya están los de Rossum), sino el amor. El amor mueve a Alpha de la misma manera que comienza a mover a la nueva Echo, enamorada hasta los huesos de su caballero de armadura brillante, Paul Ballard. En “A Love Supreme” todo se reduce a la idea del amor como combustible de la vida, como arma esencial para seguir luchando, y en el caso de los activos, el amor es mucho más poderoso, es un amor supremo (volvemos a la idea del súper hombre de Nietzsche, que ya nos presentó Alpha la temporada pasada). El amor de Echo y Paul. El amor de Alpha por Echo. El de Topher por la ciencia. Incluso el de Boyd por Echo (a pesar de que esa relación se dejó muy atrás). La única que no se muestra transparente al respecto es DeWitt. ¿A quién ama DeWitt?


Con el regreso de Alpha a Dollhouse, la serie entra temporalmente en terreno Buffy, cazavampiros. Dollhouse se ha desmarcado de la primera serie de Whedon desde el primer episodio, a pesar de conservar marcas de autor, y sobre todo, temas en común. La última serie de Whedon es mucho más ambiciosa que las anteriores, y además, se toma mucho más en serio. Esto ha perjudicado el devenir de la serie, aunque por suerte, está siendo corregido en esta recta final. He llegado a pensar que la cancelación de Dollhouse ha sido toda una bendición para la serie. Desde el principio, y a pesar sus numerosas virtudes, ha habido una sensación de prolongación de las tramas (y eso que Dollhouse es prácticamente recién nacida), y de lentitud para llegar al grueso temático de la serie. Por suerte, este problema se ve solventado en estos últimos episodios. La trama avanza a marchas forzadas, condensando perfectamente todas las ideas a desarrollar para llegar a “Epitaph One”. No hay tiempo para episodios de relleno, y es ahora cuando nos damos cuenta de lo mucho que ha perjudicado a Dollhouse ese andarse por las ramas (a pesar de que no habríamos llegado adonde estamos sin todos esos episodios “de relleno”, como apuntaba Alicia Ortega en su review de “Meet Jane Doe”).


En fin, a lo que iba. “A Love Supreme” es un episodio lleno de acción y ligeramente descargado de parafernalia existencialista. Las ideas de Dollhouse están totalmente claras, y no era necesario seguir dándoles vueltas. “A Love Supreme” entretiene sin abusar de esas ideas a veces sobre expuestas, y saca provecho de las metáforas y las referencias, pero no se ahoga en ellas. En definitiva, es más show que tell (permitidme que use estos términos a la ligera), y eso se agradece.

Alpha es el Big Bad a la vieja usanza, un villano espectacular (y auto consciente) que en este caso es solo una ilusión. El verdadero Big Bad de Dollhouse está muy difuso. Sí, está Rossum Corporation, pero también está DeWitt, la dollhouse, y sobre todo, el ser humano. Por eso, un “sencillo” Big Bad al estilo Buffy viene a refrescar la trama principal de Dollhouse, y nos da un respiro de esa afectación que salpica toda la serie desde el principio, y que no siempre se maneja con destreza.


Las escenas de los activos en acción recuerdan a las multitudinarias batallas de Buffy cerca de los Apocalipsis. La espectacular pelea final entre Echo y Alpha hace lo mismo con las peleas cuerpo a cuerpo presentes en todos los episodios de Buffy y Angel. Y sin duda, una de las características más reseñables de Buffy, Angel y Firefly, la idea de que “la unión hace la fuerza”, está muy presente en “A Love Supreme”. La inevitable alianza entre Echo y el personal de la dollhouse para acabar con Alpha (y proteger a Joel Mynor, personaje que deseaba que volviera a Dollhouse) es uno de los mejores momentos del episodio. “Do you wanna talk or do you want me to save your life?” le dice una Echo muy Buffy a DeWitt (más caricaturesca que antes, como Alpha).

La identidad de Dollhouse ha quedado perfectamente perfilada en los dos últimos episodios. La mitología de la serie está muy definida (imposible no estarlo, gracias a la sobre exposición de la que hablaba) y los guiones hacen un excelente uso de ella, especialmente el de “Meet Jane Doe”, escrito por Maurissa Trancharoen y Jed Whedon, que ya firmaron el que probablemente es el mejor episodio de la serie hasta la fecha, “Belonging”. “A Love Supreme” quizás cae en un par de deus ex machina un tanto forzados, sobre todo en lo que respecta a la tecnología, los aparatos “mágicos” que nos llevarán al Apocalipsis (no son deus ex machina exactamente, porque se ha hecho referencia a ellos con anterioridad, pero sin duda lo parecen) o a lo fácil que entrar y salir de lugares herméticos y con alta seguridad. Sin embargo, Buffy lo hacía constantemente, y se lo perdonábamos siempre. Claro que Dollhouse no es Buffy. Aunque quedan cinco episodios, y sigo albergando la esperanza de que la serie se marche por todo lo alto. El culto lo tiene desde el principio, ahora necesita merecérselo. “Meet Jane Doe” y “A Love Supreme” le allanan el camino.


Artículo escrito por Pedro J. García

martes, diciembre 15, 2009

Dollhouse 2x07 - Meet Jane Doe

It's good to have you back


"Meet Jane Doe" es el mayor salto que ha dado Dollhouse hasta el momento. Después de verlo tengo la sensación de que hasta ahora, en temporada y media que lleva la serie, es como si no hubiera ocurrido nada: conocemos la Dollhouse LA, los activos se imprimen, cumplen sus misiones, y se borran. Alguno no se borra del todo y empieza a sacar los pies del tiesto, pero poco más.

Echo ha escapado de sus persecutores y pulula en estado doll tratando de sobrevivir, y de comprender el mundo que nadie le ha explicado, y que acepta injusticias como que una persona pase días sin poder comer. Un robo, ataque a agentes de la policía, y una inocente detenida y encarcelada. Fin de la historia. Y tres meses después…

¿Cuánto puede cambiar en tres meses? DeWitt puede perder su puesto de directora y ser relegada a una simple secretaria que tiene que ver cómo otros deciden el futuro de su casa sin poder hacer nada. Echo puede aprender a controlar todas las personalidades que Alpha le implantó (aunque no tengo claro si ese gesto de Alpha era necesario, ya que ella había dado muestras de resistencia a los borrados mucho antes del regreso del muñeco pródigo) y puede aliarse con Ballard, su ex handler y ahora más watcher que nunca, para hundir la Dollhouse desde dentro.

Echo se ha ido dando cuenta poco a poco de quién es en realidad, eso lo hemos visto capítulo a capítulo, pero creo que es ahora cuando realmente empieza a SER Echo, y a comportarse como tal. Nada de Caroline, quien ha visto que no quiere volver a ser, nada de Omega, porque ella es una persona en sí, es Echo, que en ocasiones puede usar habilidades de un implante o de otro, pero la que decide cuál usar o la que actúa cuando no necesita usar ninguna, es Echo. ¿Y quién es Echo? Echo no era nadie, una Jane Doe (no es casualidad que en su vida de enfermera se haga llamar Jane: la Jane Doe del título no es solo la “fulana o mengana” por la que intentan hacer pasar a Galena, sino esa enfermera salida de sabe Dios dónde y que acaba sabe Dios cómo haciendo el turno de la cárcel), pero ha conseguido llenar esa vida y ese cerebro vacíos convirtiéndose en una persona real.


Pero creo que en este episodio quien se merece un apartado para analizar su forma de actuar es Adelle DeWitt. Quizá no tenga muy desarrollado el sentido moral, pero siempre entendí su trabajo, sus motivos y, aunque el hecho de regentar un prostíbulo (por simplificar la actividad a la que se dedica la casa) le convierte automáticamente en uno de esos malos/no-tan-malos que tiene la serie, creo que siempre tuvo buenas intenciones: “I did believe that the power we have could be used to help people”, dice a Harding, y ese ha sido el fin que ha perseguido Adelle desde el principio. Sin embargo, en "Meet Jane Doe "cambian las tornas y hay otro objetivo primordial para Adelle DeWitt, un objetivo al que había renunciado sin ni siquiera intentarlo hasta que Langton le abrió los ojos: volver a hacerse con el poder de su Dollhouse. La nueva dirección está cambiando demasiado drásticamente la casa: se habla de los activos como simple mercancía (como DeWitt siempre se ha negado a considerarlos), llegando a dar la orden de separar a Victor y Sierra, pareja ya casi aceptada por todos los empleados de la casa; pretendiendo finalmente vaciar esta delegación que tantos problemas da… pero la gota que colma el vaso de la resignación de DeWitt es el conocer las intenciones de la Rossum Corporation de crear un dispositivo que borre a cualquier persona en cualquier lugar, convirtiéndole así en activo involuntario. DeWitt obtiene a la vez la razón por la que debe recuperar su puesto, y la forma de conseguirlo: traicionar a quien ha confiado solo en ella con un terrorífico secreto no es tan importante como el objetivo final de Adelle, y si para ello además tiene que aparentar estar del lado de la Rossum, imponer normas dictatoriales en la casa y, en fin, convertirse en “the coldest bitch on this planet”, como el traicionado Topher le llama, lo hará sin dudar. ¿Un tratamiento para Echo, cuyos dolores de cabeza por estar convirtiéndose en una Diosa –perdón por la referencia innecesaria- le están destrozando? No, veamos cuánto aguanta. Y veremos nosotros lo que Adelle pretende con esto.


Decía al principio que “poco más” ha pasado en lo que llevábamos de Dollhouse. No, por supuesto que no es poco: es mucho, mucho más. DeWitt no ha perdido la casa de un plumazo (tan rápidamente como la ha recuperado), sino que su forma de regentarla estaba pidiendo a gritos un cambio de gobierno por parte de la Rossum. Echo no ha aceptado quién es de un momento a otro mientras rebuscaba las basuras en busca de comida, hemos seguido su proceso paso a paso. Y a Topher no le va a volver repentinamente loco la traición de DeWitt y el consecuente descenso en su puesto de trabajo, donde no se le permitirá pensar sino simplemente manejar botones mecánicamente: hemos podido ver, desde el regreso de Apha al final de la primera temporada, cómo el ingeniero va perdiendo la poca estabilidad que tenía día a día. Pero un paso tan grande como el que se ha dado en este episodio deja a los demás casi insignificantes, y presenta las bases de una recta final llena de emoción, quizá más a contrarreloj de lo deseable, pero si hay alguien bien curtido en cerrar temporadas a contrarreloj, ese es (por desgracia) Mr. Joss Whedon, y no hay razón para dudar que la experiencia no le haya enseñado a cerrar esta de la mejor forma posible.

Resumiendo: en este episodio no me ha sobrado ni siquiera Paul Ballard. Y eso lo dice todo.



Artículo escrito por Alicia Ortega

domingo, diciembre 13, 2009

Dollhouse 2x06 – The Left Hand

Better Version of Me


El pase doble de “The Public Eye” y “The Left Hand” es el comienzo de la estrategia de FOX para acelerar el triste e inevitable proceso de desaparición de Dollhouse de su programación, de cara a la nueva parrilla de la cadena. Por suerte, la narración de Dollhouse es cada vez menos episódica, y en concreto, estos dos capítulos abarcan una sola trama que comienza en “The Public Eye” y concluye al final de “The Left Hand”, y que sirve de desencadenante de lo que probablemente sea el resto de la serie (o sea, que venía de perlas ponerlos los dos juntos). Si bien el primero de los dos me pareció un episodio altamente irregular (buenas ideas y avance de la trama, pero las peores interpretaciones de lo que llevamos de serie y un guión y ejecución increíblemente torpe), “The Left Hand” continúa exactamente donde el episodio anterior lo dejó, pero por suerte, con otra guionista tomando el relevo (Tracy Bellomo). Este episodio está mucho mejor estructurado que el anterior. El comienzo es interesante, la tensión está muy bien manejada a lo largo de todo el capítulo, y el desenlace contiene las dosis perfectas de acción y revelaciones. Sin embargo, el nivel ha descendido bastante desde el comienzo de la temporada.

Lo que llevamos de segunda temporada de Dollhouse está siendo una larga etapa de transición, que estallará inevitablemente en los próximos episodios, los primeros escritos después del anuncio de la cancelación. Se trata de desplazar la atención de la dollhouse de L.A. a un plano mucho más superior. De lo íntimo a lo público, de lo micro a lo macro, donde el poder funciona de otra manera, y luchar es mucho más complicado. Es un cambio necesario para llevar a Dollhouse a buen puerto, pero lo cierto es que los personajes de esta serie, al igual que los de las demás creaciones de Whedon, funcionan mucho mejor a una escala menor. La trama política suele resultar en escenas poco creíbles y diálogos algo almidonados.

Por suerte, seguimos en una serie Whedon, y el sacrifico de los personajes y la tramas más íntimas a favor de las grandes tramas nunca será total. De acuerdo, seguimos sin ver a Victor y Sierra, pero Echo ha vuelto en este episodio. Su consciencia de sí misma ha alcanzado un punto álgido. Ya se ha aceptado como Echo, y no está dispuesta a dejarla machar. Por mucho que Bennett le recuerde quién es, o quién fue (Caroline), Echo quiere seguir siendo Echo. Después de la atroz interpretación como Bree en el episodio anterior, Eliza Dushku me reconquista con la faceta más convincente de su multipersonaje.


Por otra parte, el humor vuelve (después de desaparecer por completo en “The Public Eye”) como de costumbre, de la mano de Topher Brink. Y en este episodio por partida doble, gracias a la increíble versatilidad de Enver Gjokaj. Topher descarga su personalidad en Victor para llevar a cabo una misión desde la dollhouse de Washington, sin tener que delegar en nadie desde Los Ángeles. Pero, ¿tanto Topher Brink puede ser demasiado Topher Brink? Efectivamente. Hasta el hilarante encuentro de ambos Tophers al final del episodio, las escenas de Enver, a pesar de su buen hacer, se hacen repetitivas y ligeramente irritantes (la parodia funciona solamente en la primera escena, a pesar de que Gjokaj está impresionante de principio a fin). Sin embargo, el Topher Topher nos da las mejores escenas del episodio, gracias a su interacción con Bennett. Desde que el científico reconoce su fascinación por ella en el episodio anterior, las expectativas por un evidente encuentro van creciendo. Y por suerte, se cumplen (el flirteo inicial de ambos es uno de los mejores momentos del episodio).

Summer Glau (otro miembro del cast principal de Firefly que hace de villano en otra serie Whedon, como ya lo hiciera Alan Tudyk en la propia Dollhouse) sigue recibiendo papeles a su medida. Su interpretación de Bennett Halverson es exquisita. Del trastorno obsesivo compulsivo que mostraba en “The Public Eye” a la inocencia y vulnerabilidad empollona de “The Left Hand”, Glau da un auténtico recital de expresividad contenida.


Y gracias a Bennett y a la dollhouse de Washington, tenemos superpoblación de villanos en Dollhouse, por lo que un rápido exterminio se antoja necesario. El jefe de la casa de D.C. no tiene rival ante nuestra DeWitt (inevitable momento girl power, Adelle manejando el “asunto” con sus propias manos) . Y la insoportable Cindy Perrin desaparece (esperemos) de la ecuación (Ding dong, the witch is dead!) Bastante tenemos ya con nuestros queridos malos, que en este episodio son los buenos. Más o menos.

Lo más interesante de Dollhouse sigue siendo su firme y certero empeño en hacernos reflexionar sobre la identidad del ser humano. En este caso, extrapolando la idea al campo de la política y la imagen pública. En Dollhouse se cuestiona la identidad de algún presidente de los Estados Unidos (no se dan nombres), y se amplían las consideraciones morales a través del senador Daniel Perrin y una nueva modalidad de “imprint”: mejorar una personalidad de un sujeto, en lugar de borrar y sustituir, para así conseguir una versión actualizada y mejorada de uno mismo. Justamente lo que busca Echo. Sin duda, la doll va camino de tomarle la delantera a su creador, que teme (y a la vez le fascina) que las “máquinas” tomen el control de sus vidas, y el control en general. Como diría Ian Malcolm, “la vida se abre camino”.


Esperemos que Whedon sea capaz de combinar la gran escala a la que inevitablemente nos conduce la serie (no podemos olvidar “Epitaph One”), con el fascinante retrato introspectivo de Echo y los demás personajes. Si lo consigue, Dollhouse podrá marcharse como un triunfo. Veamos si los siguientes episodios suben el nivel. Si no, empezaremos a preocuparnos.


Artículo escrito por Pedro J. García

martes, diciembre 08, 2009

Dollhouse 2x05 - The Public Eye

Dollhouse ha regresado. Y lo hace con dos episodios semanales hasta su final definitivo el próximo 22 de enero. Y si la FOX se empeña en darnos el doble, nosotros también (ellos por despachar la serie rápido, nosotros porque tenemos muchas cosas que decir). He aquí dos reviews del episodio 2x05, "The Public Eye", escritas por Ricardo Carabaña, que ya analizó varios episodios de la temporada pasada y regresa a Whedonverso en plena forma, y Juanma Devilniced, un whedonite de los grandes (como testimonia su gran amor por Buffy), que se estrena en este blog (ya era hora) con esta review. Sin más, os dejo con ellos.

Pedro J. García


Dollhouse meets the bad worse guys


Echo: There are... gaps. Things that aren’t filled in. I can see other people, other lives, through them. It’s like i can see the seams. How it’s all constructed. I’m not real. I’m not who I think I am. I am a doll.

Es una pena que la Fox decidiese interrumpir durante un mes la emisión de Dollhouse justo antes de este episodio. Tras un inicio de temporada más que notable, aunque algo lento si lo que esperas de Dollhouse es su faceta de acción más pura, como parece buscaban los ejecutivos de la cadena (qué pena tener que usar ya el pretérito), en "The Public Eye" el ritmo de los acontecimientos se dispara, y lo hace, aún por encima, con un capítulo de calidad sobresaliente. Aunque también dudo mucho que de haberse emitido cuando inicialmente estaba previsto hubiese modificado en exceso (o en algo) la audiencia de la serie.

Si tuviese que resumir el episodio en una línea diría que "The Public Eye" es “Dollhouse conoce a los malos”, y estos no son otros que la Rossum Corporation (la institución madre de la que proviene la Dollhouse) y la Dollhouse de Washington, que a través del Senador Perrin pretenden usar la Dollhouse de L.A. como cabeza de turco en un plan con miras mucho más amplias, cosa que DeWitt no está dispuesta a dejar que suceda, al menos sin luchar. Y es en este contexto donde asistimos a un montón de diálogos y situaciones interesantísimas.

Ya sabemos a quien se enfrenta la Dollhouse, y esta vez, al contrario que en Buffy o Angel, no se trata de un asunto de malos y buenos, sino de malos y peores. Los primeros serían DeWitt y la Dollhouse de L.A., los segundos Rossum y la Dollhouse de D.C., encarnados en los personajes de Harding, Cindy Perrin y Benneth (Summer Glau, una vieja conocida del Whedonverso que hará las delicias de más de uno).

Echo: I think her bad guys are badder than my bad guys.

En cuanto a los personajes, vemos a una DeWitt puesta en tela de juicio por el amor (o el cariño) que ha desarrollado por sus muñecos, amenazada por sus superiores. Ella se mostrará firme, dispuesta a contraatacar y, lo que es más importante, convencida de que su forma de regentar la casa es la correcta.

Echo da señales de ser cada vez más consciente de la situación en su estado de doll (“November is sad” dice al inicio del episodio), y a partir del momento en el que el “disruptor” es usado en ella, empezamos a notar en Bree (la prostituta de lujo en la que ha sido programada) trazos de Caroline e, incluso, de Omega. Vemos así el carácter salvador y guerrero de Caroline, su fuerza y su capacidad de comando; al final del capítulo (a partir de la pelea con Cindy), apreciamos esa sensación de súperconsciencia y súperpoder que vimos en Omega (imposible no fijarse en las reminiscencias en la voz, los gestos y la ropa) durante la finale de la primera temporada:


Echo: You just woke up a lot of people, and they all think you’re a bitch.

En "The Public Eye" tenemos la oportunidad de conocer por fin a Daniel Perrin (Alexis Wyndam-Pry... perdón, Denisof). Presentado con aires de Big Bad desde el inicio de la temporada, Daniel Perrin pasa de verdugo a víctima tras una simple hemorragia nasal. Si bien el descubrimiento de que es otra doll no es gran cosa (hemos visto a tantos personajes ser finalmente dolls que ya no nos sorprende), a partir de ahí asistimos a la construcción de un gran personaje. El concepto de una versión doll de sí mismo es más que interesante, y Daniel se muestra como un niño perdido, programado para derribar a Rossum, que se encuentra que ha sido manipulado por aquellos que creía combatir.


Daniel Perrin: I know who I am. I know who I am. Please, tell me I know who I am.

Llegados a este punto podemos observar también el más que interesante paralelismo, y conexión, que se establece entre Echo y Daniel (otrora Slayer y Watcher) mientras van juntos en el coche. Ambos se encuentran desorientados, pero ambos saben también que tienen una causa por la que deben luchar, aunque no tengan del todo claro cuál es.

En cuanto al resto, cabe destacar a Ballard cada vez más independiente y escéptico sobre la casa y sus métodos, preocupado únicamente por salvar a Madeline (genial que sigan sacando a November), mostrando todavía sentimientos hacia ella.


Ballard: (about Madeline, to Adelle and Topher) But you released her. Why would she still have your “architecture” in her head? (silence). No one ever really leaves here, do they?

En cuanto a los nuevos, Cindy Perrin se muestra como la típica villana made in Whedon, mero vehículo para hacer avanzar el capítulo. Bennett, sin embargo, llama a un análisis más detallado. Nueva contrapartida de Topher (de igual forma que el Dr. Saunders lo fue durante la primera temporada), Bennett es fría y desgradable. Su complejo de Dios se ha desarrollado de forma totalmente diferente al de Topher. No parece amar ni divertirse con sus juguetes, tratándolos con desprecio pero con un cuidado excesivo a la vez. Por lo que vemos al final, tiene un pasado común con Caroline, y no parece que este sea precisamente “Hugs and puppies”.


Perrin: (to Bennett) Who are you?
Cindy: She’s god, honey. And you’ve heartily offended her.

Como único punto negativo (que ya he alabado mucho), y como sucede tantas veces en las series Whedon, especialmente en episodios como este, repletos de información, diría que la trama de acción parece avanzar a saltos, y donde se supone que sólo han pasado unos segundos, los personajes han adquirido un conocimiento de la situación fuera de lo normal. Esto no deja de ser un pequeño detalle técnico, pues todos sabemos que la acción es el medio que Whedon utiliza para contarnos su historia, y 42 minutos dan para lo que dan.

Definitivamente, Dollhouse es una serie compleja. Si no lo crees, sólo hace falta fijarse en el número de nombres distintos que he usado para nombrar un “mismo” personaje: Echo, Bree, Omega, Caroline... ¡Ah! El capítulo en sí me ha encantado. De los mejores (hasta ahora).


Artículo escrito por Ricardo Carabaña

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Comienza el juego



La casa de muñecas se extiende mucho más allá de las puertas de nuestra DOLLHOUSE. Esto parece el cluedo: hay un traidor, una ofensa, una doll desconocida, una guerra por estallar entre casas de la misma empresa y, lo más importante, el paso definitivo de lo que significará la batalla con ECHO al frente.

El juego que nos da Whedon en este episodio no ha funcionado para mí Es decir, yo ya sabía el AS que se traía en la manga desde que empezó este episodio. Sabía la sorpresa y no por leer un spoiler, sino porque ya son años viendo series del señor Dios. Uno sabe cuándo pone trampas al espectador.

Siguiendo la tradición, un miembro del Cast de FIREFLY, esa joya, se nos presenta como "the bad guy"; Ya lo hicieron en BUFFY & ANGEL anteriormente y en la propia DOLLHOUSE con ALPHA.

Pero hay mucho que contar de este episodio. Entretiene, avanza en la trama a pasos agigantados...

Hay puntos muy negativos, como es el hecho de ver una y otra vez a Echo recordar su pasado y "activarse"; Si la gente se queja constantemente del abuso de los flashes del futuro en FLASHFORWARD, ¿por qué no causan el mismo efecto los continuos despertares de la doll más protagonista de todas? A mí me cansa un poquito.

En este juego de ajedrez donde las reinas parecen esconderse de todos (Topher y su nueva rival, más fuerte), recuperamos a NOVEMBER presentándola como un peón más, siendo manipulada otra vez.


Hay algo que no entiendo bien. Si los doll nunca dejan de serlo en cierto sentido al cumplir contrato, si aún llevan tecnología dentro de ellos para ser reclutados en cualquier momento, quieran o no, ¿por qué el equipo que quiere destruir la DOLLHOUSE de Adelle usa a la ex-MILLIE como ella misma y no como doll? ¿Por qué siquiera molestarse en ella y no hacer un propio muñeco para disparar a matar?

Sin duda alguna, algo se me escapa y Whedon está detrás para hacernos saber de ello.

Ya hemos dicho que hay dos DOLLHOUSE enfrentadas a guerra abierta; Quizás sea toda la ROSSUM en contra de ADELLE y sus chicos.

Si se testifica en su contra , ¿he escuchado que liberan a todo doll de esa casa? Por supuesto, lo habré captado mal o serán dolls usados como si fueran liberados para hacer parecer al equipo de Adelle como el perverso y esconder la carta libre política que desean para extender sus planes.

Nuestra Mellie puede que sea un peón movido por otros sin saberlo, pero quiere cometer ese error, quiere seguir los pasos que cree firmemente... tal vez no por lograr algo sino por el hecho de seguir su instinto, de ser humana, de creer serlo; Y el eterno Ballard enamorado de su vecina, el caballero de brillante armadura que quiera salvar a todas pero que siempre parece encontrarse entre dos decisiones incorrectas que elegir, vuelve a ser él mismo. No hay nada como un tratamiento para un doll y ver al ex- FBI hacer lo que sólo sabe hacer: nada.

Cómo ya dije antes, CAROLINE/ECHO vuelve a nosotros y trata de lidiar con la sorpresa de ver a otro doll que acaba de despertar (este era el giro de tuerca de Whedon, por si no lo captasteis. Bastante obvio y de paso, GIRL POWER again!). Se nos hace fuerte y adulta la niñita.


Confía en Adelle, por extraño que parezca, y recibe lo mismo de la dueña de las muñecas; Desde el inicio hemos visto un vínculo extraño entre ambas y parece que se nos antoja un triángulo perfecto ahora: incorporamos otro nombre a la ecuación, uno que parece conocer a CAROLINE muy bien, tenerle cierto rencor por el abandono y ser increíblemente poderosa e inteligente... SUMMER GLAU entra en el juego de manera asombrosa.

Hacer de loca es lo suyo; Si le añades geek, inteligencia superior, incluso a Thoper y un toque de niña buena con pasado a descubrir... la bomba perfecta para el BAD GUY del día y, muy probablemente, de lo que queda de serie.


Artículo escrito por Juanma Devilniced

sábado, diciembre 05, 2009

Retratos Whedon: Cordelia Chase (I)

No puedes comprar a Cordelia


Darn, I have cheerleader practice tonight. Boy, I wish I knew you were gonna be digging up dead people sooner. I would’ve canceled. (Cordelia Chase, “Some Assembly Required”)


Solemos pensar que no hay demasiadas cosas dejadas al azar en el buffyverso y que de infinidad de elementos en cada episodio de Buffy cazavampiros subyace uno o varios significados secundarios susceptibles de análisis. Por tanto, es inevitable conjeturar que el nombre de pila de Cordelia Chase no fue una elección aleatoria. Hacerla tocaya del personaje de El rey Lear de William Shakespeare parece una decisión premeditada si atendemos al modus operandi de Joss Whedon y observamos algunas características en común entre ambas.

Los autores Gregory J. Thompson y Sally Emmons-Featherston, en su artículo “What Shall Cordelia Say?” sitúan a la Cordelia de Buffy como una de las claves para entender la serie como una morality play en la línea (salvando las distancias formales) de la obra de Shakespeare. Cordelia se revela a través de su nombre como alegoría, y haciendo esto, nos descubre al resto de personajes y sus andanzas como representaciones simbólicas de varios aspectos de la vida, y concretamente de lo que supone madurar y tener que encontrar un propósito y un lugar en el mundo. Sin embargo, Cordelia no es un vehículo de representación existencial en la línea de otros personajes analizados en Whedonverso, como Anya, Dawn y Lorne. Ella es un personaje con una identidad (humana) claramente establecida desde su primera aparición (aunque acabe siendo despojada de ella, y forzada a buscar un camino alternativo para recuperarla).

Más allá de este paralelismo con la Cordelia de Shakespeare, Cordelia Chase no comparte, a simple vista, otras características con la hija menor del rey Lear, que suele describirse como una mujer de corazón, valiente y compasiva. Si bien esos calificativos no pueden aplicarse a la ligera a un personaje como Cordelia Chase en la primera temporada de Buffy, comenzamos a atisbar alguno de ellos a medida que la trama de la segunda temporada va tomando forma, y Cordelia se va acercando al grupo de la cazavampiros. Pero no es hasta su marcha a Los Ángeles (y al spin-off de Buffy, Angel), cuando empezamos a reconocer en ella claramente esos cambios culminantes en la Cordelia que despedimos en “You’re Welcome”, su episodio final en Angel.

El largo recorrido vital de Cordelia consta de tantas etapas, todas ellas igual de interesantes, que me veo obligado a dividir este artículo en dos, y tratar en primer lugar a la Cordelia de Sunnydale, dejando para más adelante a la de Los Ángeles.


Cordelia no solo se presenta como la reina del instituto desde el primer momento en el que aparece en “Welcome to the Hellmouth”, sino que inmediatamente deja claro su estatus como reina de los one-liners (breves intervenciones cómicas de una línea) y robaescenas por excelencia. La Cordelia Chase de Sunnydale es más norteamericana que una taquilla de instituto. Exceptuando el curioso hecho de que en este caso, la chica más popular del instituto sea morena y la renegada social sea rubia, Cordelia responde a todos los estereotipos adolescentes norteamericanos vistos en cine y televisión en las últimas dos décadas. La Queen C es superficial, está completamente obsesionada con su imagen y con su lugar en la pirámide social del instituto y solo tiene dos cosas en la cabeza, su pelo y su preocupación por él. Además de esto, el personaje no deja de ser (originalmente) un alivio cómico más, un personaje secundario cuya función es aparecer en dos o tres escenas en cada episodio y dejar caer alguna bomba en forma de los mencionados one-liners, para más tarde desaparecer de la trama. Al menos esto fue así hasta “Out of Mind, Out of Sight”, episodio de la primera temporada en el que Cordelia adquiría protagonismo, y que resultó ser uno de los mejores de la primera tanda de episodios. En él, Cordy pasaba a primer plano para dejar entrever que había mucho más bajo la superficie, y que el personaje merecía más presencia en la serie. El episodio contaba la historia de una estudiante del instituto de Sunnydale que se hacía invisible tras ser completamente ignorada por sus compañeros durante un largo periodo de tiempo. Su evidente no-relación con Cordelia y los eventos que esto conllevaba sirvieron en este episodio de crítica a la sociedad actual, y a su tendencia cada vez más radical al culto del yo. Y de eso sabía mucho Cordelia.

“People who think their problems are so huge craze me. Like this time I sort of ran over this girl on her bike. It was the most traumatizing event of my life, and she’s trying to make it about her leg! Like my pain meant nothing! (Cordelia Chase, “Out of Mind, Out of Sight”)

Como todos los personajes femeninos de Whedon, Cordelia, a pesar de las reticencias iniciales, es otro exponente del girl power dentro de su obra. Sin embargo, Cordelia se diferencia de casi todas las demás en sus armas de defensa. La fuerza del personaje reside en su orgullo y en la alta concepción que tiene de sí misma, y de esta manera, su mayor defensa es la gruesa capa de autoestima que la protege. Es por esto que Cordelia es la reina del instituto, campo de batalla en el que no tiene rival. Al menos hasta que llega Buffy Summers. La irrupción de la cazavampiros en el apacible reino de Cordelia en el Sunnydale High pone en peligro su estatus, pero no por las razones obvias, es decir, por el peligro a ser sustituida por otra adolescente más popular, sino porque Buffy, y más tarde Xander, le harán descubrir un mundo en el que quizás no sea tan bueno ser la reina. Se podría decir que Buffy le roba el trono, aunque no para ocuparlo.

Uno de los aspectos centrales a la construcción y evolución del personaje de Cordelia es su relación con Xander. Ella accede a él a través de la novata, Buffy (a la que se acerca por su forma de vestir), a pesar de llevar varios años con él compartiendo aulas, tiempo en el que ha ejercido de bully (uno muy sofisticado y viperino) con Xander y Willow. A medida que avanza el curso, Cordelia va teniendo cada vez más encontronazos con la cazavampiros y los que ya son su séquito de incondicionales. Desde el principio, parece tener especial fijación por Xander, al que ataca sin miramientos, a pesar de la clara ventaja intelectual de él (o a causa de ello). Su desconcertante interés por Xander los lleva (a pesar de que ambos se resisten) a un divertido romance que comienza en la segunda temporada, y que nos brinda una de las parejas más cómicas del buffyverso. Al final, los dos alivios cómicos de la serie acaban convirtiéndose en los protagonistas de muchos de los momentos más hilarantes de las primeras temporadas de Buffy.

“You're a sheep. All you ever do is what everyone else does just so you can say you did it first. And here I am, scrambling for your approval, when I'm way cooler than you are 'cause I'm not a sheep. I do what I wanna do, and I wear what I wanna wear. And you know what? I'll date whoever the hell I wanna date. No matter how lame he is” (Cordelia a Harmony, “Bewitched, Bothered and Bewildered”)

La relación de Cordelia y Xander representa el triunfo del everyman adolescente. Cordelia es el sueño hecho realidad de un nerd, una suerte de trofeo para el empollón, que nos viene a enseñar que es posible invertir las convenciones sociales. Esta idea está en relación directa con el trabajo en equipo como método ideal de consecución de objetivos. El hecho de que Cordelia inicie una relación amorosa con Xander, y que esto la lleve a formar parte activa de la Scooby gang no viene sino a confirmar la idea de que la unión hace la fuerza, explotada en infinidad de ocasiones por Whedon dentro de su obra. Pero además de esto, debemos añadir otra variable: el hecho de que Cordelia haya sido hasta el momento la “mala” de la función (hablamos del círculo social del instituto). Reconocer a Cordelia como scooby, como parte integral del grupo de Buffy Summers, proporciona una satisfacción al espectador que alude directamente a su capacidad compasiva y empática. Ver al malo unirse a los buenos tras un recorrido de auto conocimiento y una serie de cambios funciona muy bien en el espectador, que estará dispuesto más adelante a admitir en el grupo a un demonio milenario o un vampiro con siglos de atrocidades cometidas a sus espaldas. De acuerdo, Cordelia no es un demonio (aún no), no es una villana, pero es un personaje reacio a reconocer las virtudes del grupo protagonista (el Core 4), y que cuando por fin lo hace (aunque lo reconoce abiertamente en contadísimas ocasiones), es aceptada por el espectador con los brazos abiertos, como una más.

“Everyone knows that witches killed those kids. And If you hang with them, expect badness, 'cause that's what you get when you hang with freaks and losers. Believe me, I know. That was a pointed comment about me hanging with you guys”. (Cordelia Chase, “Gingerbread”)

De la misma manera, si desplazamos el foco de atención a Xander y Willow, podemos sacar en claro la idea de que es mucho más satisfactorio ser parte (distinta) de un grupo que ser un individuo exitoso y popular que al final no sea más que un clon dentro de un mismo grupo social. Cordelia se acerca a Xander sin darse cuenta de que eso constituye el primer paso del proceso de búsqueda personal de su propia identidad al margen del grupo al que pertenece. Ella se mantiene reacia todo el tiempo, pero casi inconscientemente va desarrollando una identidad adherida al grupo de los scoobies, y alejada de Harmony (una de sus secuaces y candidata al trono de Sunnydale High) y las demás.

Sin embargo, Cordelia nunca dejó de ser Cordelia. En Sunnydale, donde habitan vampiros y demonios y donde algunos humanos pueden revelarse como seres con poderes especiales, Cordelia sigue siendo una especie de autoridad local. Sus poderes son terrenales, son los que uno necesita para luchar en el mundo real, en los pasillos del instituto. Es por eso que Cordelia es una figura respetada en sus círculos, es vista como un personaje especial, con poderes especiales (dinero, belleza y el poder que ello conlleva, los valores más importantes en la sociedad de masas). Cordelia se adhiere a las normas sociales según cánones actuales. Y lo sigue haciendo, aunque desafíe esas normas enamorándose del mayor paria del instituto.

“Listen up, needle brain, Buffy and I have taken out four of your cronies, not to mention your girlfriend. I haven’t even broken a sweat. See, in the end Buffy’s just the runner up. I’m the queen. (Cordelia Chase, “Homecoming”)

Su relación con Buffy, a pesar de Xander, nunca llegó a prosperar del todo. A lo largo de tres temporadas, ambas se mantuvieron fieles a sus principios, y no se convirtieron en mejores amigas (sencillamente habría sido complicado hacer creíble una situación así). El culmen de la tormentosa relación entre Buffy y Cordelia tiene lugar en el episodio “Homecoming”, en el que ambas luchan juntas por su vida, y cada una por su cuenta por la corona de la reina del baile. Es en este episodio cuando vemos a la Cordelia más guerrera, a la que más tarde veremos evolucionar en Angel. Sin embargo, a pesar de la importancia del triunfo físico contra la amenaza demoníaca, el episodio supone más bien una afirmación de la Cordelia original, la de siempre, la verdadera reina de Sunnydale, capaz de vencer cualquier contratiempo con sus armas infalibles: la convicción, la belleza y la auto suficiencia. No obstante, la paradoja se nos viene encima cuando analizamos el origen de esos puntos fuertes en el personaje. Cordelia es una mujer fuerte, pero su fuerza está en directa relación con las figuras masculinas a su alrededor. Su imagen (la marca Cordelia) cuesta dinero, y papá está dispuesto a pagar lo que sea para mantenerla. Al final, y a pesar de su reafirmación en "Homecoming", nos queda la duda de si Cordelia es capaz realmente de valerse por sí misma. Por suerte, esta duda también le asalta a ella.


Pero, ¿qué pasa cuando Xander le es infiel con la otra mayor paria del instituto, su mejor amiga, Willow? Cordelia toca fondo (y en ese fondo, además, es empalada). Sin dudar un momento, achaca todos sus problemas a Buffy Summers, la persona cuya irrupción en su vida puso patas arriba sus convicciones y su manera de ver el mundo. La antigua Cordelia Chase regresa (aunque insisto, siempre estuvo ahí), pero el mundo ya no es el mismo y hace tiempo que el trono dejó de estar disponible para ella. Las normas sociales tal y como ella las conocía ya no son aplicables a su vida, y empieza a ver el mundo de otra manera. La propia Cordelia descubre que es ella la que ha cambiado. Irónicamente, acaba convirtiéndose en paria, lo que le obliga a replantearse su vida.

Por si eso fuera poco, Cordelia pierde uno de los poderes que aún le quedaban. Su padre es detenido por evasión de impuestos, lo que lleva a la familia a la ruina, y a Cordelia de cabeza a trabajar en una tienda de ropa. Avergonzada por ello, se lo oculta a todo el mundo. Cordelia lo ha perdido todo, ha perdido quién es. Su identidad otrora definida por el dinero y el estatus social está magullada. Las características que la definían como una persona fuerte ya no están (y lo que es más interesante, aunque estuvieran, ya no le servirían). A partir de ahora se verá obligada a vivir una nueva vida, pero antes, Xander, que descubre su situación, le devolverá momentáneamente sus poderes pagándole el vestido de graduación que ella misma no puede permitirse. Tras el baile y la graduación, en la que lucha junto a Buffy contra el alcalde Wilkins, Cordelia decide marcharse a Los Ángeles para iniciar allí la búsqueda de su nueva identidad.

Podemos verlo así. O también podemos pensar que después de varios años siendo el centro de atención en la pista de baile del Bronze, Sunnydale se le queda pequeño a Cordelia, y un cambio de aires se antoja necesario. Al fin y al cabo, no sería descabellado, pues a pesar de todo, Cordelia siempre será Cordelia, y no importa que sea empalada, que se convierta en medio demonio, que unas visiones premonitorias la destrocen o que dos seres la elijan como vientre de alquiler de sus vástagos demoníacos, Cordelia seguirá siendo fuerte, probablemente el personaje más fuerte del buffyverso. Y en caso de crisis, no habrá zapatos o tarjeta de crédito que no puedan arreglar todos los problemas.

“I would kill to live in L.A. That close to that many shoes…” (Cordelia Chase. “Welcome to the Hellmouth”)



Artículo escrito por Pedro J. García