miércoles, enero 20, 2010

Dollhouse 2x12 - The Hollow Men

Dos Ex Machina


Llegamos al final de Dollhouse. Aún queda el último epitafio, del que no sabemos muy bien qué esperar, ni dónde dejará a la última serie de Whedon, pero “The Hollow Men” cierra, se supone, todas las tramas y responde a todas las preguntas de la serie. ¿Estamos satisfechos?

Pedro: “The Hollow Men”. Gran anticlímax donde los haya. Mira que les tengo dicho a Whedon y a los suyos que las tramas de infiltración en complejos de alta seguridad nunca les salen bien, y que es mejor desistir. ¿De verdad el sufrimiento que tuvimos que pasar con la Iniciativa en Buffy no les sirvió de lección? En mi opinión, este penúltimo episodio de Dollhouse ha vaciado de transcendencia una trama que en los episodios previos nos había llevado a lugares fascinantes (sobre todo “The Attic”), y que ahora reduce el discurso de Dollhouse a cuatro referencias superficiales y desubicadas a los temas centrales de la serie (identidad, lealtad, poder, y de manera secundaria, la familia).

Pocoyó: Antes de entrar en el “mágico” terreno de las segundas lecturas, me gustaría centrarme en el argumento. Yo diría que el capítulo es simplemente mediocre. Supongo que no esperaba mucho (cuando vi “The Attic”, me convencí de que era seguro que ningún capítulo por llegar sería tan redondo). Y lo que esperaba, lo he tenido: acción y respuestas. Sí es verdad que entre puñetazos, patadas y explosiones, han sido unos 40 minutos de diálogos sorprendentemente estúpidos y respuestas que causaban poco más que indiferencia. Por no mencionar las constantes licencias del guión, supongo que debido a las prisas por llegar al final. Realmente, creo que “The Hollow Men” tiene todo esto en común con “Omega”, excepto las licencias.


Pedro: Precisamente “indiferencia” es una palabra que podría resumir bastante bien el estado en el que me he visto inmerso durante todo el episodio. Ni la muerte de November me ha sacado de él. Podríamos hablar ya de insensibilización whedoniana para referirnos a la sensación de familiaridad y la ausencia de sorpresa ante eventos como ese, al que Whedon nos tiene ya (mal)acostumbrados. O quizás sea simplemente lo que tú dices, demasiada prisa, demasiado poco tiempo para que los momentos impactantes surtan efecto, y quizás demasiada indiferencia por mi parte hacia un personaje que nunca me aportó nada. El argumento de “The Hollow Men” en ocasiones parece escrito por autómatas. En la primera review de Dollhouse, comparé a Joss con un doll con su personalidad impresa, haciendo su trabajo como otros creían que debía hacerlo. En este caso, Michele Fazekas, Tara Butters y Tracy Bellomo no se alejan mucho de esta idea. Solo Bellomo había escrito algo para la serie. Me parece una muy mala idea confiar el desenlace de Dollhouse (obviamos “Epitaph Two: Return”, porque es eso, un epitafio) a unas guionistas que no han trabajado antes con sus personajes directamente. Y por eso, el episodio tiene esos diálogos tan ridículos (por irrisorios y por reincidir tanto en cuestiones que están más que claras desde hace tiempo). En ese sentido, ¿qué te parece lo que han hecho con Priya y Anthony?

Pocoyó: Primero: November no te aportó nunca nada, ni a ti ni a nadie. En cuanto a la elección de guionistas, simplemente no entiendo dónde está Whedon, y por qué no ha escrito ni dirigido ningún capítulo de la recta final. Pero lo de Sierra/Priya y Victor/Anthony no sólo es cuestión de diálogos. Ha quedado claro que los personajes en sí mismos no tienen ningún tipo de carisma ni capacidad de decisión. Son sólo dos adolescentes enamorados. Ese amor básico, y tan potente por ello, que nos ha encandilado siempre, es lo único que tienen. Así que este capítulo, en el que ya se tienen (y retienen) al uno al otro, y se descarga tanto peso sobre ellos, demuestra que son, entre otras cosas, estúpidos (¡venga, sentémonos en la silla sin razón alguna a pesar de que habíamos dicho, en algún momento indeterminado, un rotundísimo no a la tecnología!). Además, no ayuda que toda la capacidad interpretativa que tiene Enver Gjokaj, es más bien incapacidad en el caso de Dichen Lachman.


Pedro: La de Priya y Anthony es una historia que es preferible guardar en la memoria tal y como la construimos antes de conocerlos un poco más en este episodio. Es decir, quedémonos con la idea romántica y arquetípica del amor por encima de todo y anterior a nada, como si de un cuento de hadas se tratase, en el que los protagonistas se enamoran sin saber nada el uno del otro, y permanecen así hasta el final. En cuanto a la ausencia de Whedon en esta segunda temporada, debo decir que me recuerda inevitablemente a Angel, serie a la que Dollhouse se ha acercado visual y conceptualmente con estos últimos episodios. Joss ha delegado en sus colegas al igual que hizo en el final de Angel (o más bien, en toda la serie). En el caso de Dollhouse, esta delegación nos ha descubierto a Jed Whedon y Maurissa Trancharoen como auténticos apasionados de los personajes de Dollhouse, incluso por encima de su creador. Sin embargo, Joss debería haber aparecido para este penúltimo episodio. Sin duda, habría hecho un mejor trabajo que este trío de guionistas de “The Hollow Men”, adictas por lo que hemos podido ver a los deus ex machina (yo lo atribuyo a una gran deficiencia como guionistas, más que a la falta de tiempo) y a los chascarrillos estúpidos entre puñetazos.

Pocoyó: Es que ni siquiera DeWitt ha estado tan genial como en los episodios anteriores. Demasiado callada. Sólo Topher ha seguido en su nivel, aunque digo yo que debería estar más afectado por su reciente pérdida… Boyd es caso aparte. ¿Ha sido el malo malísimo que se merecía Rossum? En ese sentido, creo que se ha quedado corto en carisma. Ni siquiera en su mejor momento (“I love you guys”) me ha conseguido dar algo de mal rollo. Al final ha resultado ser un loco de la tecnología, que la usa para el mal “sólo porque existe”, y sin ninguna razón más. Ni siquiera ha dado para más de dos puñetazos. Sí me ha gustado algo más su final: Topher y el arma definitiva. Supongo que en relación con uno de los grandes temas de la serie: aún más valiosa que la vida misma, es nuestra identidad. Y cuando a Boyd se la arrebatan, pasa a ser una herramienta que Echo usa para destruir el servidor central de Rossum. Por cierto, Echo ha pasado a un segundo plano en este capítulo, ¿no?


Pedro: Seguramente, la práctica ausencia de conclusión en el personaje de Echo se verá saldada en “Epitaph Two: Return”. Yo necesito un momento concreto de “closure” en el que se me salten las lágrimas porque en una frase, o en una mirada, se resuma todo lo que Echo significa. Lo he estado buscando en las primeras escenas del episodio, pero he desistido en seguida, a pesar de una muy buena escena inicial entre Caroline y Boyd (claro, esa no era Echo), porque es seguro que ese momento, si ha de existir, pertenecerá a los últimos momentos de la serie. Desde luego, Echo ha pasado a segundo plano, a favor de la acción y la resolución de tramas generales. Pero no solo ella, sino casi todos los personajes. DeWitt ha estado muy callada, es verdad. Aunque más bien, yo diría que Adelle ha estado hermética. Me ha gustado su actitud durante todo el episodio, su manera de empuñar la metralleta, sus miradas asesinas. Había demasiado que decir y muy poco tiempo, por lo que sacrificar presencia de DeWitt en los diálogos es un mal menor. Su presencia escénica es suficiente. El resto de personajes me han parecido correctos en sus actos (nada incoherente por parte de ninguno). El pobre Ballard es ninguneado por Boyd (que no entiende qué vio Adelle en él), y por sí mismo (es el último en enterarse de quién es el malo), y al final resulta que es cierto que no es nadie. Él decide que a pesar de ser un doll, es una persona real, pero nosotros no disfrutamos de su epifanía tanto como él, porque su conclusión responde a la necesidad de dar cierre a November. “Epitaph Two: Return” será su oportunidad para marcharse como el héroe salva doncellas que siempre se empeñó en ser. Por otro lado, estoy de acuerdo en que los malos andan faltos de carisma. Boyd básicamente está loco (fácil y única manera de concluir su trama), y Clyde es muy malo y ya está (por cierto, a Amy Acker le es muy difícil brillar saliendo del registro de la Dra. Saunders, con Enver Gjokaj haciendo de Topher en el mismo episodio). En definitiva, la acción ha protagonizado este episodio, dándonos buenos momentos (escenas muy físicas y potentes, reminiscentes de Alias) y otros no tan buenos (¿a quién se le ocurrió hacer escapar de la explosión a Echo de esa manera?). Si “The Hollow Men” (énfasis en el “hollow”) fuera el último episodio de Dollhouse, estaría muy cabreado. Por suerte, no lo es.

Pocoyó: Por mi parte, yo dudo que ninguna mirada ni frase en Dollhouse me vaya a hacer llorar ni en el último capítulo… Me sigue dejando más o menos frío, aunque haya dado capítulos muy buenos, en cuanto a entretenimiento. Y al final, el entretenimiento es lo que ha primado, y “The Hollow Men” no da ni para hacer reflexiones… Supongo que los temas que se podían explorar, la serie ya los ha agotado, o más bien ha agotado su técnica de explorarlos. Yo me quedo con DeWitt, y con la esperanza de que en “Epitaph Two: Return” ella los matará a todos, porque en el Apocalipsis no hay té.



Artículo escrito por Pedro J. García y Javi Pocoyó

viernes, enero 15, 2010

Dollhouse 2x11 - Getting Closer

Se acerca el epitafio


Grr Argh! Tras el grito del monstruo de la Mutant Enemy, más de uno pensamos en rever la serie al completo, para así intentar encajar todas las piezas de este complicado puzle y buscar posibles pistas que nos conduzcan hasta el final de este "Getting Closer". Sin tiempo suficiente para hacerlo, me atrevo a aventurar que el resultado que obtendríamos sería agridulce, bien porque la evolución de algunos personajes o tramas haya podido quedar un tanto forzada, bien porque quede todavía mucho que explicar en las escuetas dos horas de serie restantes.

El ritmo de los acontecimientos continúa a una velocidad de vértigo, lo cual se ha convertido en una necesidad y en una lastra a la vez para la serie. En este caso es Tim Minear quien escribe y dirige el episodio, plagado de autorreferencias y referencias a Buffy y Firefly (imposible comentarlas todas aquí). En "Getting Closer", por primera vez, se encaja un flash-back de "Epitaph One" (el adiós entre Langton y Saunders) en medio del episodio. Asisitimos también a la despedida, esperemos que no definitiva, de Priya/Sierra y Anthony/Victor, así como al retorno de November/Mellie.


El episodio comienza donde lo dejó "The Attic", es decir, con el grupo reunido en la oficina de DeWitt. Echo, Ballard, Anthony, Priya, Langton, Ivy, Topher y la misma DeWitt. Sí, al fin parece que tenemos un grupo de personajes cohesionado luchando por detener el apocalipsis (¿es necesario decir más?). En esta tesitura, solo queda preguntarse si realmente ha sido necesario todo el recorrido para llevarnos hasta este punto.

Ha llegado el momento de que la Dollhouse conozca a Caroline y de que Echo se enfrente a ella. Gracias a los flash-backs, aprendemos que Caroline Farrell no era más que una universitaria idealista que acabó metida en algo mucho más grande de lo que ella hubiese podido imaginar. Su carácter fuerte, utilizando medios característicos de Faith para fines últimamente buenos propios de Buffy, le impide parar una vez que le ha visto las orejas al lobo. Por ello, termina siendo secuestrada por DeWitt y Dominic, enviada a conocer a las dos cabezas pensantes de Rossum (Clyde y...) y convertida en Doll. Por su parte, Echo sigue luchando por encontrar su identidad, aterrada ante la idea de que instalar a Caroline en su cerebro pueda acabar con ella. Cada individuo construye su identidad en base a sus relaciones con los demás, y es ahí donde Echo encuentra sus mayores dificultades. Solo Anthony y Priya (por motivos obvios) y Langton parecen creer que Echo sea realmente una persona.


Echo: I keep thinking there is a me, that I'm real, but every time I talk to someone, they act like I'm doing tricks. Paul never believed Echo was a person, even when he cared.

Ballard no está en su mejor momento, tras prácticamente morir y ser resucitado por Topher, convertido en una Doll de sí mismo. El precio a pagar es la pérdida de su conexión con Echo. Para esta, su relación (de amistad profunda y tintes románticos) con Ballard es la más importante; él se comporta de manera arisca y brusca con ella, lo cual acentúa las inseguridades de nuestra súperDoll. En esta situación de reajuste, Ballard continúa frunciendo el ceño de la única manera que sabe y replanteándose su papel en la casa. Con su regreso, Mellie se convierte en su conciencia haciéndole en voz alta preguntas desde una perspectiva de un año atrás, recordándole cómo empezó todo y en quién se ha convertido.


Ballard: I don't know you anymore.
Echo: I know.

Hacia la mitad de esta segunda temporada, Ballard y Langton se convirtieron en el mismo personaje. Dos agentes de seguridad, que se planteaban la moralidad del proyecto Dollhouse desde dentro y que presentaban un amor totalmente fuera de lo común hacia Echo, uno más paternalista (o de watcher), otro más romántico. En la delgada línea que separa el bien del mal, los dos se nos han presentado siempre del lado de los buenos. Con la conversión de Ballard en Doll pensaba que habían resuelto este problema, ya teníamos dos personajes diferentes. Pero, ¡ay!, el final de este episodio contiene una sorpresa mayor, al revelarnos a Langton como el Big Bad que este final de serie necesitaba. Cierto que no sabemos nada del pasado de Langton pero... ¿Tiene esto sentido? ¿Es mínimamente coherente? ¿Cuál ha sido su propósito desde el principio al hacerse pasar por simple agente de seguridad, perrito faldero de DeWitt, durante más de dos años? Muchas preguntas que responder de forma convincente en lo poco que queda de serie (snif, snif... permitidme aquí que eche una lagrimita). Si me hubieseis pedido que dijese algo sobre Langton antes de los últimos 30 segundos de este episodio habría respondido que puede que fuese el único personaje últimamente bueno en toda la Dollhouse. Y si bien eso es motivo de sospecha, no sé dónde encajar todo esto. Por último, resaltar que en este episodio miente soberanamente a Echo al decirle que nunca conoció a Caroline.


Langton (a Echo): I never met Caroline Farrell. I know she drives DeWitt about as crazy as you do, so I figure she can't be all bad.

A pesar de habernos desconcertado durante gran parte de la serie, es ahora cuando vemos que DeWitt siempre ha tenido muy claro lo que quería hacer. Su trabajo en la casa podría compararse al de una madame de prostíbulo que vela por la seguridad de sus niñas. Así mismo, DeWitt solo quiere lo mejor para sus activos, por eso no tiene el menor reparo en ver cómo uno de sus compañeros de trabajo y sus guardaespaldas llenan su alfombra de sangre, llegando incluso a bromear sobre el momento, hasta que ve que Langton también ha recibido un disparo, y es ahí donde se nos revela la gran sorpresa. DeWitt es una mujer de carne y hueso y también tiene emociones. Lo que no sufre al ver tres cadáveres en su oficina lo sufre al ver a un amigo herido. A pesar de ello, la postura de Dama de Hielo que la caracteriza sigue estando presente y toma la decisión mas difícil, romper los contratos con sus activos y sellar la casa, todo por impedir que Rossum siga adquiriendo control sobre las personas. Como un buen caballo de Troya, DeWitt está dispuesta a hundir a Rossum desde dentro.


DeWitt: Well, I guess we can agree this carpet's done for.

Topher Brink siempre se ha caracterizado por ser una persona carente de emociones. Él hace su trabajo por amor al arte, es el mejor, lo sabe y poco a poco ha ido creando una personalidad que llega incluso a creerse una especie de Dios.

La llegada de Echo a la Dollhouse motivó un cambio en todos los personajes que ya formaban parte de ella, de una forma u otra, todos han ido cambiando y en el caso de Topher haciéndose más humano. Poco a poco, las Dolls dejaron de ser juguetes en sus manos y ya pudimos ver un atisbo de humanidad cuando ayudó, o más bien intentó ayudar, a Priya a librarse de sus miedos y las correas de Rossum, pero la verdadera humanidad de Topher llega de la mano de Bennett. Había oído hablar de ella, de sus hazañas y de sus logros y aunque no le ponía sexo, ya estaba enamorado de él/ella. Conocerla en persona no hizo más que intensificar esos sentimientos, hasta tal punto de perder la poca cordura que le quedaba, cuando segundos después de darle su primer beso es testigo de lo rápido que pueden cambiar las cosas. Bennett muerta, Topher cubierto de sangre y una escena que aún habiéndola visto ya en otra serie del señor Whedon hace que se me encoja el corazón.


Topher (a Bennett): You know, I always had a crush on you, even when I thought you were a dude.

Bennett retorna abducida a la casa de muñecas para ayudar a Topher a restaurar la wedge de Caroline, y aunque el personaje encarnado por Summer Glau me ha convencido más que en sus apariciones previas, se presenta una dualidad muy clara en su personalidad que no consigo que me termine de casar. Por un lado, Bennett se presenta como el típico cerebrito, nula en sus relaciones sociales, que lo único que realmente quiere es que alguien preste algún tipo de interés hacia ella, formar parte de un grupo. Caroline le prestó atención y ella la aceptó incluso después de conocer sus verdaderos motivos, rozando el patetismo. Dentro de la casa, Topher le declara sus sentimientos en lo que probablemente sea la historia de amor más corta vista jamás en televisión (tres minutos como máximo), con un final calcado de "Seeing Red" de Buffy (¡incluso Topher se plantea el "resucitarla" igual que lo hiciera Willow con Tara!). Por otro lado, vemos también a la Bennett de los capítulos anteriores, la mala malísima (incluso mala porque sí), que odia a Caroline y anhela venganza. Lo peor de todo es que el espectador no puede evitar pensar, cuando descubre lo sucedido, que lo que hizo Caroline no fue para tanto (y sigue así presentándose como nuestra heroína). Personalmente, me quedo con la Bennett insegura que con la fría y calculadora.


Bennett (sobre Topher): Do you really think he likes me?

Si bien Ivy ha sido durante la corta vida de Dollhouse un personaje más que secundario, es en las últimas horas de vida de esta casa de muñecas en las que comienza a tener un poco de valía para el que es su modelo a seguir. Ivy es la ayudante de Dios en la Dollhouse. Topher da órdenes, a veces absurdas y Ivy, aunque protesta, se digna a obedecer. Es lista, lo sabe, pero no lo es tanto como él, y estando allí puede mejorar.

El momento en que DeWitt la hace llamar y ella vuelve al laboratorio, tan fría y seria, nos hace pensar lo peor. Verla después dentro del grupo reducido de nuestros héroes particulares nos hace pensar que igual su papel no era tan secundario como creíamos, quizá solo necesitase un poco más de tiempo para brillar. Pero en el fondo no es así. Ivy no es más que el último aliento del antiguo Topher. "Vive", le dice, "usa tu mente para otra cosa, no hagas como yo. Vive". Y dándole alas, la deja partir, y con ella el último resto de cordura que le quedaba a nuestro pequeño Dios particular.


Ivy (a Topher): I really do wanna help you.

Sus cicatrices nos dejaron a todos marcados desde el primer episodio de Dollhouse. Todos queríamos saber qué había ocurrido, cómo habían llegado ahí y qué había hecho para merecer eso. Ser la mejor fue lo que llevó a eso y cuando nos presentaron a Whisky, a más de uno se le salió el corazón del pecho. Personalmente, no me lo esperaba y, personalmente, no pudo gustarme mas. Yo fui uno de los que echó de menos a Saunders cuando cogió el coche y se fue de la Dollhouse, pero esperanzado al recordar "Epitaph One" y ver que ella seguía allí, su nombre en los créditos del capítulo me hizo sonreír... hasta el momento en que pistola en mano, dispara a sangre fría a la cabeza de Bennett. "Getting Closer" es un episodio en el que ocurren muchas cosas, dan muchas vueltas y puede que llegues incluso a marearte con tanto giro argumental, pero este fue uno de los que más me ha marcado. Aquella escena de "Epitaph One" en la que nos presentaban un romance entre Saunders y Langton nos hizo ponernos tiernos. El llegar a ver esa escena en el presente de Dollhouse nos rescató ese sentimiento que teníamos guardado, y descubrir todo lo que ese romance ocultaba detrás nos hace gritarle WOW a Joss Whedon y a todos sus amigos.


Saunders (a Bennett): I honestly didn't think [Topher] was capable of admitting the existence of another human being, let alone loving one. I think you're the remarkable one.


Si bien el propio título del capítulo nos dice que no queda mucho para el final de la serie, el desarrollo del mismo nos deja ver que aún en 40 minutos una serie puede dar muchos cambios. Poco a poco, nos vamos acercando a ese Epitafio que se nos presentó al final de la primera temporada y lo que es mejor, vamos conociendo el cómo, por qué y por culpa de quién hemos llegado a esto. Y además, dándole la vuelta a la tortilla, nos presentan al verdadero malvado de la serie. Alpha solo fue el aperitivo y el plato principal siempre estuvo ante nosotros.

Cómo desarrollarán esto Whedon y sus chicos no lo sé, pero pondría la mano en el fuego a que no va a dejar indiferente a nadie.


Artículo escrito por Ricardo Carabaña y Pablo Díaz

domingo, enero 10, 2010

Dollhouse 2x10 - The Attic

Tormenta


En “Inquietud” (“Restless”, 4.22) de Buffy cazavampiros, el grupo de la cazadora se queda dormido intentando desconectar de los eventos del episodio anterior (la lucha definitiva contra Adam) mientras ven una película en el sofá en casa de Buffy. Cada uno de ellos tiene un sueño en el que se revelan algunos de sus miedos más profundos, mientras una figura sin identificar aparece en cada sueño amenazando sus vidas. ¿De qué nos suena este argumento?

En “The Attic”, se repite el esquema básico de “Inquietud”, con resultados aún más satisfactorios. Jed Whedon y Maurissa Trancharoen escriben su tercer guión esta temporada, y vuelven a superarse, después de regalarnos dos de los mejores episodios de la serie, “Belonging” y “Meet Jane Doe”. No puedo más que albergar infinitas esperanzas sobre el último episodio de la serie, sabiendo que ellos se encargan de él. Como el propio Joss, su hermano y su cuñada se han convertido en un valor seguro en el que depositar mi fe ciega. Se lo han ganado.

Los acontecimientos de “The Attic” no dejan un solo segundo de respiro al espectador, y mucho menos al whedonite de pro que se moleste un poco en identificar todas las referencias y los paralelismos con el resto de la serie, y con las otras series del autor, especialmente en este caso, con Buffy. Lo cierto es que sin dejar de ser Dollhouse en ningún momento, y como ya dije en otra ocasión, la serie lleva varios episodios entrando en terreno slayer. Esto no quiere decir que Dollhouse esté adoptando otra identidad, sino que ha logrado (gracias a este acelerón en la trama propiciado por la cancelación) ponerse a la altura de Buffy en cuanto a desarrollo de trama y de personajes (digamos que la comparación se limita a la calidad en el guión, porque Buffy tuvo mucho más tiempo para llegar mucho más lejos, y Dollhouse no deja de ser una serie más concisa en cuanto a trama). “The Attic” es un episodio especial, al estilo de “Inquietud”, o salvando las distancias, “Needs” en la propia Dollhouse. En él, el concepto whedoniano de “unión” explosiona y nos atraviesa en unos cinco minutos finales de auténtico órdago (solo empañados por, una vez más, el acompañamiento musical. No sirve de nada escoger canciones sorprendentemente acorde con la trama del episodio, cuando son completamente horrendas).

Whedon y Trancharoen consiguen aunar de nuevo todas las ideas de la serie y las cohesionan pasmosamente en una historia que no solo aclara (pero de verdad) muchas cosas, sino que también fascina, entretiene e impacta. Tomando como hilo conductor los sueños de los activos, y conectándolos acertadamente en la gran (y tantas veces cogida con pinzas) trama tecnológica de Dollhouse, el tándem Whedon-Trancharoen logran que todo tenga sentido, y nos ofrecen cuarenta minutos de ciencia ficción de primera calidad.

“The Attic” nos lleva de nuevo, y esta vez literalmente, al interior de los recovecos más oscuros de la mente humana, y lo hace además aprovechando todos los recursos técnicos a disposición del equipo. El episodio es, hasta ahora, el más conseguido técnica y visualmente. Es disfrutable tanto por su trama como por lo bonito que es. Y no me refiero solo a las secuencias oníricas más estéticamente placenteras en un sentido clásico (como Echo despertando en su “Tupper-ware” o la escena del árbol), o a las estupendas coreografías de acción, sino también a esas escenas oscuras y perturbadoras que salpican todo el episodio de sangre y dolor. Primero, escenas reminiscentes del Lynch más reconocible: el hombre del conejo, que es sin duda una referencia al hombre del queso de “Inquietud”. Whedon declaró que esta figura era el único elemento de aquel episodio de Buffy que no tenía significado simbólico. De la misma manera, no nos extrañaría que el hombre del conejo respondiera al mismo patrón, ya que sabemos que todo en Dollhouse quiere decir algo. De ahí que Echo diga refiriéndose a él: “And that… That’s a long story”. Y por otra parte, escenas que nos llevan de nuevo hacia terrenos anteriormente explorados por Whedon, pero nunca con tanta explicitud y riesgo. Whedon pone en imágenes lo que ya nos está contando en el subtexto de sus relatos, y no por ello resulta redundante. Los cuerpos descuartizados de “The Attic” y “Belonging” son el reflejo directo de las mentes de los activos de Dollhouse. Y en este sentido, “The Attic” es el perfecto ejemplo del interés de Whedon por crear un relato lleno de capas y significados.


En “The Attic”, todos los personajes parecen ocupar un lugar estratégico, y ninguno de ellos sobra en ningún momento… incluida la secundona Ivy. DeWitt vuelve a brillar con luz propia, como en los anteriores episodios. Es el personaje, junto a Echo, con el desarrollo más precipitado, y sin embargo es la que ha resultado ser más fascinante de toda la serie. Su, por un lado coherente, conversión en la mala más mala tenía una razón de ser más allá de la prisa por llegar al final de la serie. Es algo que ya habíamos visto en Angel. Un personaje se vuelve malo para llevar a cabo un plan oculto, pero el espectador no está al tanto, porque… porque no debe saberlo, porque sería un riesgo que no puede permitirse. Es la manera que tiene Whedon de introducirnos de lleno en su historia, y de sorprendernos partiendo de un elaborado plan, y no gratuitamente.


Echo sigue reafirmándose en su identidad, mientras Boyd se reafirma en su amor y paternal preocupación por ella. Mr. Dominic vuelve convertido en héroe del subconsciente y forma un gran equipo con Echo. Ballard recibe su dosis de justicia poética (injusta, porque él no ha cometido crimen alguno) convirtiéndose en un activo (Penikett, por fin, se luce en su interpretación, y se desmarca de su único registro conocido hasta la fecha: su cara de oler a estercolero). Y Sierra y Victor (Priya y Tony) siguen siendo los protagonistas de la más bonita historia de amor whedoniana. Es fascinante observarlos al fondo del plano, mientras Arcane y Echo discuten sobre cómo acabar con Rossum. Primero, Tony salva la vida de una indefensa Priya disparando a un “zombi” que se abalanza sobre ella, y después le ofrece su chaqueta para resguardarla del frío. Son pequeños detalles que ponen de manifiesto la pericia de Whedon y Trancharoen a la hora de tratar varias tramas en un solo plano (por capas), y revelan el especial cariño que tienen por la pareja de dolls.


La secuencia final de “The Attic” resalta de nuevo la importancia del “nosotros”. Echo, Tony, Priya, Ballard, Boyd, Topher y Ivy reunidos en el despacho de DeWitt mientras esta les dice que están listos para ganar la guerra. Al igual que Willow, Xander, Faith, Anya, Dawn y Giles en la habitación de Buffy, mientras esta les informa del plan para vencer el Apocalipsis. ¿Qué conclusión sacamos de esto? Que Adelle DeWitt es la gran heroína de “The Attic”. Y de Dollhouse. Así de claro. Al menos hasta que Caroline entre en escena.


Artículo escrito por Pedro J. García