
Llegamos al final de Dollhouse. Aún queda el último epitafio, del que no sabemos muy bien qué esperar, ni dónde dejará a la última serie de Whedon, pero “The Hollow Men” cierra, se supone, todas las tramas y responde a todas las preguntas de la serie. ¿Estamos satisfechos?
Pedro: “The Hollow Men”. Gran anticlímax donde los haya. Mira que les tengo dicho a Whedon y a los suyos que las tramas de infiltración en complejos de alta seguridad nunca les salen bien, y que es mejor desistir. ¿De verdad el sufrimiento que tuvimos que pasar con la Iniciativa en Buffy no les sirvió de lección? En mi opinión, este penúltimo episodio de Dollhouse ha vaciado de transcendencia una trama que en los episodios previos nos había llevado a lugares fascinantes (sobre todo “The Attic”), y que ahora reduce el discurso de Dollhouse a cuatro referencias superficiales y desubicadas a los temas centrales de la serie (identidad, lealtad, poder, y de manera secundaria, la familia).
Pocoyó: Antes de entrar en el “mágico” terreno de las segundas lecturas, me gustaría centrarme en el argumento. Yo diría que el capítulo es simplemente mediocre. Supongo que no esperaba mucho (cuando vi “The Attic”, me convencí de que era seguro que ningún capítulo por llegar sería tan redondo). Y lo que esperaba, lo he tenido: acción y respuestas. Sí es verdad que entre puñetazos, patadas y explosiones, han sido unos 40 minutos de diálogos sorprendentemente estúpidos y respuestas que causaban poco más que indiferencia. Por no mencionar las constantes licencias del guión, supongo que debido a las prisas por llegar al final. Realmente, creo que “The Hollow Men” tiene todo esto en común con “Omega”, excepto las licencias.

Pedro: Precisamente “indiferencia” es una palabra que podría resumir bastante bien el estado en el que me he visto inmerso durante todo el episodio. Ni la muerte de November me ha sacado de él. Podríamos hablar ya de insensibilización whedoniana para referirnos a la sensación de familiaridad y la ausencia de sorpresa ante eventos como ese, al que Whedon nos tiene ya (mal)acostumbrados. O quizás sea simplemente lo que tú dices, demasiada prisa, demasiado poco tiempo para que los momentos impactantes surtan efecto, y quizás demasiada indiferencia por mi parte hacia un personaje que nunca me aportó nada. El argumento de “The Hollow Men” en ocasiones parece escrito por autómatas. En la primera review de Dollhouse, comparé a Joss con un doll con su personalidad impresa, haciendo su trabajo como otros creían que debía hacerlo. En este caso, Michele Fazekas, Tara Butters y Tracy Bellomo no se alejan mucho de esta idea. Solo Bellomo había escrito algo para la serie. Me parece una muy mala idea confiar el desenlace de Dollhouse (obviamos “Epitaph Two: Return”, porque es eso, un epitafio) a unas guionistas que no han trabajado antes con sus personajes directamente. Y por eso, el episodio tiene esos diálogos tan ridículos (por irrisorios y por reincidir tanto en cuestiones que están más que claras desde hace tiempo). En ese sentido, ¿qué te parece lo que han hecho con Priya y Anthony?
Pocoyó: Primero: November no te aportó nunca nada, ni a ti ni a nadie. En cuanto a la elección de guionistas, simplemente no entiendo dónde está Whedon, y por qué no ha escrito ni dirigido ningún capítulo de la recta final. Pero lo de Sierra/Priya y Victor/Anthony no sólo es cuestión de diálogos. Ha quedado claro que los personajes en sí mismos no tienen ningún tipo de carisma ni capacidad de decisión. Son sólo dos adolescentes enamorados. Ese amor básico, y tan potente por ello, que nos ha encandilado siempre, es lo único que tienen. Así que este capítulo, en el que ya se tienen (y retienen) al uno al otro, y se descarga tanto peso sobre ellos, demuestra que son, entre otras cosas, estúpidos (¡venga, sentémonos en la silla sin razón alguna a pesar de que habíamos dicho, en algún momento indeterminado, un rotundísimo no a la tecnología!). Además, no ayuda que toda la capacidad interpretativa que tiene Enver Gjokaj, es más bien incapacidad en el caso de Dichen Lachman.

Pedro: La de Priya y Anthony es una historia que es preferible guardar en la memoria tal y como la construimos antes de conocerlos un poco más en este episodio. Es decir, quedémonos con la idea romántica y arquetípica del amor por encima de todo y anterior a nada, como si de un cuento de hadas se tratase, en el que los protagonistas se enamoran sin saber nada el uno del otro, y permanecen así hasta el final. En cuanto a la ausencia de Whedon en esta segunda temporada, debo decir que me recuerda inevitablemente a Angel, serie a la que Dollhouse se ha acercado visual y conceptualmente con estos últimos episodios. Joss ha delegado en sus colegas al igual que hizo en el final de Angel (o más bien, en toda la serie). En el caso de Dollhouse, esta delegación nos ha descubierto a Jed Whedon y Maurissa Trancharoen como auténticos apasionados de los personajes de Dollhouse, incluso por encima de su creador. Sin embargo, Joss debería haber aparecido para este penúltimo episodio. Sin duda, habría hecho un mejor trabajo que este trío de guionistas de “The Hollow Men”, adictas por lo que hemos podido ver a los deus ex machina (yo lo atribuyo a una gran deficiencia como guionistas, más que a la falta de tiempo) y a los chascarrillos estúpidos entre puñetazos.
Pocoyó: Es que ni siquiera DeWitt ha estado tan genial como en los episodios anteriores. Demasiado callada. Sólo Topher ha seguido en su nivel, aunque digo yo que debería estar más afectado por su reciente pérdida… Boyd es caso aparte. ¿Ha sido el malo malísimo que se merecía Rossum? En ese sentido, creo que se ha quedado corto en carisma. Ni siquiera en su mejor momento (“I love you guys”) me ha conseguido dar algo de mal rollo. Al final ha resultado ser un loco de la tecnología, que la usa para el mal “sólo porque existe”, y sin ninguna razón más. Ni siquiera ha dado para más de dos puñetazos. Sí me ha gustado algo más su final: Topher y el arma definitiva. Supongo que en relación con uno de los grandes temas de la serie: aún más valiosa que la vida misma, es nuestra identidad. Y cuando a Boyd se la arrebatan, pasa a ser una herramienta que Echo usa para destruir el servidor central de Rossum. Por cierto, Echo ha pasado a un segundo plano en este capítulo, ¿no?

Pedro: Seguramente, la práctica ausencia de conclusión en el personaje de Echo se verá saldada en “Epitaph Two: Return”. Yo necesito un momento concreto de “closure” en el que se me salten las lágrimas porque en una frase, o en una mirada, se resuma todo lo que Echo significa. Lo he estado buscando en las primeras escenas del episodio, pero he desistido en seguida, a pesar de una muy buena escena inicial entre Caroline y Boyd (claro, esa no era Echo), porque es seguro que ese momento, si ha de existir, pertenecerá a los últimos momentos de la serie. Desde luego, Echo ha pasado a segundo plano, a favor de la acción y la resolución de tramas generales. Pero no solo ella, sino casi todos los personajes. DeWitt ha estado muy callada, es verdad. Aunque más bien, yo diría que Adelle ha estado hermética. Me ha gustado su actitud durante todo el episodio, su manera de empuñar la metralleta, sus miradas asesinas. Había demasiado que decir y muy poco tiempo, por lo que sacrificar presencia de DeWitt en los diálogos es un mal menor. Su presencia escénica es suficiente. El resto de personajes me han parecido correctos en sus actos (nada incoherente por parte de ninguno). El pobre Ballard es ninguneado por Boyd (que no entiende qué vio Adelle en él), y por sí mismo (es el último en enterarse de quién es el malo), y al final resulta que es cierto que no es nadie. Él decide que a pesar de ser un doll, es una persona real, pero nosotros no disfrutamos de su epifanía tanto como él, porque su conclusión responde a la necesidad de dar cierre a November. “Epitaph Two: Return” será su oportunidad para marcharse como el héroe salva doncellas que siempre se empeñó en ser. Por otro lado, estoy de acuerdo en que los malos andan faltos de carisma. Boyd básicamente está loco (fácil y única manera de concluir su trama), y Clyde es muy malo y ya está (por cierto, a Amy Acker le es muy difícil brillar saliendo del registro de la Dra. Saunders, con Enver Gjokaj haciendo de Topher en el mismo episodio). En definitiva, la acción ha protagonizado este episodio, dándonos buenos momentos (escenas muy físicas y potentes, reminiscentes de Alias) y otros no tan buenos (¿a quién se le ocurrió hacer escapar de la explosión a Echo de esa manera?). Si “The Hollow Men” (énfasis en el “hollow”) fuera el último episodio de Dollhouse, estaría muy cabreado. Por suerte, no lo es.
Pocoyó: Por mi parte, yo dudo que ninguna mirada ni frase en Dollhouse me vaya a hacer llorar ni en el último capítulo… Me sigue dejando más o menos frío, aunque haya dado capítulos muy buenos, en cuanto a entretenimiento. Y al final, el entretenimiento es lo que ha primado, y “The Hollow Men” no da ni para hacer reflexiones… Supongo que los temas que se podían explorar, la serie ya los ha agotado, o más bien ha agotado su técnica de explorarlos. Yo me quedo con DeWitt, y con la esperanza de que en “Epitaph Two: Return” ella los matará a todos, porque en el Apocalipsis no hay té.

Pedro: “The Hollow Men”. Gran anticlímax donde los haya. Mira que les tengo dicho a Whedon y a los suyos que las tramas de infiltración en complejos de alta seguridad nunca les salen bien, y que es mejor desistir. ¿De verdad el sufrimiento que tuvimos que pasar con la Iniciativa en Buffy no les sirvió de lección? En mi opinión, este penúltimo episodio de Dollhouse ha vaciado de transcendencia una trama que en los episodios previos nos había llevado a lugares fascinantes (sobre todo “The Attic”), y que ahora reduce el discurso de Dollhouse a cuatro referencias superficiales y desubicadas a los temas centrales de la serie (identidad, lealtad, poder, y de manera secundaria, la familia).
Pocoyó: Antes de entrar en el “mágico” terreno de las segundas lecturas, me gustaría centrarme en el argumento. Yo diría que el capítulo es simplemente mediocre. Supongo que no esperaba mucho (cuando vi “The Attic”, me convencí de que era seguro que ningún capítulo por llegar sería tan redondo). Y lo que esperaba, lo he tenido: acción y respuestas. Sí es verdad que entre puñetazos, patadas y explosiones, han sido unos 40 minutos de diálogos sorprendentemente estúpidos y respuestas que causaban poco más que indiferencia. Por no mencionar las constantes licencias del guión, supongo que debido a las prisas por llegar al final. Realmente, creo que “The Hollow Men” tiene todo esto en común con “Omega”, excepto las licencias.

Pedro: Precisamente “indiferencia” es una palabra que podría resumir bastante bien el estado en el que me he visto inmerso durante todo el episodio. Ni la muerte de November me ha sacado de él. Podríamos hablar ya de insensibilización whedoniana para referirnos a la sensación de familiaridad y la ausencia de sorpresa ante eventos como ese, al que Whedon nos tiene ya (mal)acostumbrados. O quizás sea simplemente lo que tú dices, demasiada prisa, demasiado poco tiempo para que los momentos impactantes surtan efecto, y quizás demasiada indiferencia por mi parte hacia un personaje que nunca me aportó nada. El argumento de “The Hollow Men” en ocasiones parece escrito por autómatas. En la primera review de Dollhouse, comparé a Joss con un doll con su personalidad impresa, haciendo su trabajo como otros creían que debía hacerlo. En este caso, Michele Fazekas, Tara Butters y Tracy Bellomo no se alejan mucho de esta idea. Solo Bellomo había escrito algo para la serie. Me parece una muy mala idea confiar el desenlace de Dollhouse (obviamos “Epitaph Two: Return”, porque es eso, un epitafio) a unas guionistas que no han trabajado antes con sus personajes directamente. Y por eso, el episodio tiene esos diálogos tan ridículos (por irrisorios y por reincidir tanto en cuestiones que están más que claras desde hace tiempo). En ese sentido, ¿qué te parece lo que han hecho con Priya y Anthony?
Pocoyó: Primero: November no te aportó nunca nada, ni a ti ni a nadie. En cuanto a la elección de guionistas, simplemente no entiendo dónde está Whedon, y por qué no ha escrito ni dirigido ningún capítulo de la recta final. Pero lo de Sierra/Priya y Victor/Anthony no sólo es cuestión de diálogos. Ha quedado claro que los personajes en sí mismos no tienen ningún tipo de carisma ni capacidad de decisión. Son sólo dos adolescentes enamorados. Ese amor básico, y tan potente por ello, que nos ha encandilado siempre, es lo único que tienen. Así que este capítulo, en el que ya se tienen (y retienen) al uno al otro, y se descarga tanto peso sobre ellos, demuestra que son, entre otras cosas, estúpidos (¡venga, sentémonos en la silla sin razón alguna a pesar de que habíamos dicho, en algún momento indeterminado, un rotundísimo no a la tecnología!). Además, no ayuda que toda la capacidad interpretativa que tiene Enver Gjokaj, es más bien incapacidad en el caso de Dichen Lachman.

Pedro: La de Priya y Anthony es una historia que es preferible guardar en la memoria tal y como la construimos antes de conocerlos un poco más en este episodio. Es decir, quedémonos con la idea romántica y arquetípica del amor por encima de todo y anterior a nada, como si de un cuento de hadas se tratase, en el que los protagonistas se enamoran sin saber nada el uno del otro, y permanecen así hasta el final. En cuanto a la ausencia de Whedon en esta segunda temporada, debo decir que me recuerda inevitablemente a Angel, serie a la que Dollhouse se ha acercado visual y conceptualmente con estos últimos episodios. Joss ha delegado en sus colegas al igual que hizo en el final de Angel (o más bien, en toda la serie). En el caso de Dollhouse, esta delegación nos ha descubierto a Jed Whedon y Maurissa Trancharoen como auténticos apasionados de los personajes de Dollhouse, incluso por encima de su creador. Sin embargo, Joss debería haber aparecido para este penúltimo episodio. Sin duda, habría hecho un mejor trabajo que este trío de guionistas de “The Hollow Men”, adictas por lo que hemos podido ver a los deus ex machina (yo lo atribuyo a una gran deficiencia como guionistas, más que a la falta de tiempo) y a los chascarrillos estúpidos entre puñetazos.
Pocoyó: Es que ni siquiera DeWitt ha estado tan genial como en los episodios anteriores. Demasiado callada. Sólo Topher ha seguido en su nivel, aunque digo yo que debería estar más afectado por su reciente pérdida… Boyd es caso aparte. ¿Ha sido el malo malísimo que se merecía Rossum? En ese sentido, creo que se ha quedado corto en carisma. Ni siquiera en su mejor momento (“I love you guys”) me ha conseguido dar algo de mal rollo. Al final ha resultado ser un loco de la tecnología, que la usa para el mal “sólo porque existe”, y sin ninguna razón más. Ni siquiera ha dado para más de dos puñetazos. Sí me ha gustado algo más su final: Topher y el arma definitiva. Supongo que en relación con uno de los grandes temas de la serie: aún más valiosa que la vida misma, es nuestra identidad. Y cuando a Boyd se la arrebatan, pasa a ser una herramienta que Echo usa para destruir el servidor central de Rossum. Por cierto, Echo ha pasado a un segundo plano en este capítulo, ¿no?

Pedro: Seguramente, la práctica ausencia de conclusión en el personaje de Echo se verá saldada en “Epitaph Two: Return”. Yo necesito un momento concreto de “closure” en el que se me salten las lágrimas porque en una frase, o en una mirada, se resuma todo lo que Echo significa. Lo he estado buscando en las primeras escenas del episodio, pero he desistido en seguida, a pesar de una muy buena escena inicial entre Caroline y Boyd (claro, esa no era Echo), porque es seguro que ese momento, si ha de existir, pertenecerá a los últimos momentos de la serie. Desde luego, Echo ha pasado a segundo plano, a favor de la acción y la resolución de tramas generales. Pero no solo ella, sino casi todos los personajes. DeWitt ha estado muy callada, es verdad. Aunque más bien, yo diría que Adelle ha estado hermética. Me ha gustado su actitud durante todo el episodio, su manera de empuñar la metralleta, sus miradas asesinas. Había demasiado que decir y muy poco tiempo, por lo que sacrificar presencia de DeWitt en los diálogos es un mal menor. Su presencia escénica es suficiente. El resto de personajes me han parecido correctos en sus actos (nada incoherente por parte de ninguno). El pobre Ballard es ninguneado por Boyd (que no entiende qué vio Adelle en él), y por sí mismo (es el último en enterarse de quién es el malo), y al final resulta que es cierto que no es nadie. Él decide que a pesar de ser un doll, es una persona real, pero nosotros no disfrutamos de su epifanía tanto como él, porque su conclusión responde a la necesidad de dar cierre a November. “Epitaph Two: Return” será su oportunidad para marcharse como el héroe salva doncellas que siempre se empeñó en ser. Por otro lado, estoy de acuerdo en que los malos andan faltos de carisma. Boyd básicamente está loco (fácil y única manera de concluir su trama), y Clyde es muy malo y ya está (por cierto, a Amy Acker le es muy difícil brillar saliendo del registro de la Dra. Saunders, con Enver Gjokaj haciendo de Topher en el mismo episodio). En definitiva, la acción ha protagonizado este episodio, dándonos buenos momentos (escenas muy físicas y potentes, reminiscentes de Alias) y otros no tan buenos (¿a quién se le ocurrió hacer escapar de la explosión a Echo de esa manera?). Si “The Hollow Men” (énfasis en el “hollow”) fuera el último episodio de Dollhouse, estaría muy cabreado. Por suerte, no lo es.
Pocoyó: Por mi parte, yo dudo que ninguna mirada ni frase en Dollhouse me vaya a hacer llorar ni en el último capítulo… Me sigue dejando más o menos frío, aunque haya dado capítulos muy buenos, en cuanto a entretenimiento. Y al final, el entretenimiento es lo que ha primado, y “The Hollow Men” no da ni para hacer reflexiones… Supongo que los temas que se podían explorar, la serie ya los ha agotado, o más bien ha agotado su técnica de explorarlos. Yo me quedo con DeWitt, y con la esperanza de que en “Epitaph Two: Return” ella los matará a todos, porque en el Apocalipsis no hay té.

Artículo escrito por Pedro J. García y Javi Pocoyó














